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Tabasco

‘El Chichonal’, 40 años después ¡sigue vivo!

A 40 años del desastre el volcán puede volver a hacer erupción, pero ya no ocasionaría tantas muertes, aseguran especialistas; hoy el lugar se ha convertido en un sustento para habitantes de Chapultenango.

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CHAPULTENANGO, CHIS.- El Chichonal es un volcán vivo. Se considera el más activo del mundo y por su condición puede volver a hacer erupción como aquel 28 de marzo de 1982, pero se considera que ya no tomaría desprevenida a la población ni causaría tantas pérdidas de vidas humanas.

Actualmente una estación sísmica ubicada a 600 metros del cráter, que forma parte del centro de monitoreo volcánico, permitiría alertar con anticipación de cualquier riesgo y evacuar a las poblaciones si fuera necesario.

No hay manera que se repita un evento similar al de hace 40 años, sostiene la responsable del monitoreo, Silvia Ramos Hernández. Lo dice segura pues hoy se cuenta con equipo, tecnología, personal e infraestructura capaz de predecir lo que va a suceder.

Doctora en vulcanología y sismología, Ramos explica a Grupo Cantón que actualmente El Chichón, como también se conoce al volcán, está en un nivel de normalidad. Registra alrededor de 60 movimientos sísmicos en promedio al año, pero de baja intensidad y por tanto casi imperceptibles.

La temperatura de sus aguas termales no rebasa los 50 grados centígrados, sus gases azufrados son de baja concentración y la cantidad de magma también está por debajo de los parámetros para considerar un potencial riesgo. “El Chichón es un volcán activo pero no peligroso”, es lo que indican las mediciones que se hacen.

La especialista del Instituto de Investigación en Gestión de Riesgos y Cambio Climático lleva más de 36 años estudiando la actividad volcánica en Chiapas. De tres a cuatro veces por año desciende hasta la laguna del Chichonal para tomar las muestras de ph, temperatura y niveles de azufre.

Ayer domingo, en la víspera de que se cumplan cuatro décadas de las erupciones de este volcán, lo visitó una vez más e hizo el descenso al fondo del cráter.

La doctora recuerda que tras las erupciones de 1982, logró integrar el primer grupo de científicos que acudió a realizar los primeros levantamientos fotográficos y pudo constatar el poder destructivo del volcán en más de 15 kilómetros a la redonda.

¿Qué fue lo que más le impresionó?

“Al cráter no podíamos llegar evidentemente, lo que más se registró fue el colapso de las viviendas, el colapso de la iglesia de Chapultenango, y el sufrimiento de la gente, ver ese desconcierto de la población, al no encontrar explicación de lo que había sucedido”.

A 40 años del fenómeno la fisonomía del volcán ha cambiado. La vegetación parece recuperada.

GRAN PODER DESTRUCTIVO

Las columnas eruptivas del Chichón alcanzaron una altura de 17 kilómetros, lo cual explica la gran dispersión de cenizas y flujos piroclásticos que sepultaron poblaciones enteras y aniquilaron la actividad productiva de la zona.

Las erupciones más fuertes ocurrieron el 3 y 4 de abril y causaron que destruyera el domo, con lo cual se formó un cráter de un kilómetro de diámetro y más de 200 metros de profundidad.

Tan solo en el poblado Francisco León, ubicado a 5 kilómetros del volcán, los piroclásticos y las cenizas acabaron con la vida de 2 mil personas.

En Ostoacán y Chapultenango, distantes a 12 y 9 kilómetros de distancia, cayó una lluvia de rocas incandescentes y pómez de más de 15 centímetros de diámetro que destruyeron prácticamente todas las viviendas.

Las cenizas del Chichonal viajaron por todo el globo terráqueo, pues contaminaron la atmósfera y rebasaron la tropósfera. Por ello se alcanzaron a percibir en lugares tan distantes como el Japón. En los más cercanos como Pichucalco, se reportaron espesores de 15 centímetros en el suelo, de cinco centímetros en Villahermosa y de dos en Tuxtla Gutiérrez.

La expedición es guiada por lugareños que comparten su experiencia sobre la erupción del volcán. Las fotos en el cráter no pueden faltar.

Hoy es sostén económico de familias

Lo que hace 40 años propició una tragedia hoy representa el sostén económico para cientos de familias de ejidatarios zoques en esta zona del norte de Chiapas: el volcán Chichonal es todo un atractivo turístico.

Desde hace por lo menos ocho años, los pobladores de las comunidades aledañas ofrecen visitas guiadas, cabañas, áreas para acampar y servicio de restaurante.

La entrada al Centro Ecoturístico Volcán Chichonal cuesta 40 pesos por persona y para adquirir el servicio de un guía se debe pagar 500 pesos, y otros 40 pesos para ocupar un área de estacionamiento.

Al descender del volcán, puede degustar de los alimentos del restaurante, con costos que van desde los 120 pesos por persona.

VISITAS DE TODO EL MUNDO

El centro ecoturístico recibe entre 180 y 200 personas los fines de semana, y es común observar extranjeros de distintas nacionalidades. “El volcán ahora que está llegando turismo representa una entrada económica para el municipio, ayuda bastante, tratamos de ofrecer más servicios, ahora tenemos cabañas y pues nos beneficiamos todos”, dice José Alegría.

Un letrero sobre un arco de metal les da la bienvenida a los visitantes al volcán Chichonal.

‘Mucha gente cayó y quedaron ya enterrados’

“Cuando el volcán dio el último trancazo nos agarró cruzando el arroyito de la comunidad. Íbamos caminando y nos empezó a caer ceniza, arena, hasta nos sobábamos, ya no podíamos caminar, mucha gente cayó al barranco y ahí quedaron enterrados, niños, mujeres, ahogados de tanta ceniza y polvo”.

José Meza tenía 15 años y así recuerda la erupción del 4 de abril, que para él fue la más fuerte. Cientos de habitantes de Chapultenango emprendieron el éxodo al ver que todo se agravaba.

Después del 28 de marzo recuerda que soldados llegaron a evacuarlos, pero mucha gente no hizo caso. 40 años atrás, Chapultenango era una pequeña población, no tenían luz eléctrica, no había palacio municipal y el único edificio grande era la iglesia, cuyo techo sucumbió por la acumulación de las cenizas y la caída de piedras.

“Nosotros ahí sobándonos entre la ceniza fuimos caminando detrás de la gente en la oscuridad, no se veía nada. Logramos llegar a Ixtacomitán, donde pudimos salvarnos”, señala José.

Brígido Sánchez, tenía 25 años, cuando el Chichonal lanzó toda su furia y acabó con la vida de miles. También fue de los últimos en dejar Chapultenango junto con su mujer y sus dos menores hijos.

“Se sintió un temblor muy fuerte, hasta se mareaba uno y se veían el fuego. Nosotros estábamos jalando ganado cerca de la casa, ya venimos de regreso como a las 8 de la noche a descansar y ese día corrimos porque vino duro ya el fuego”.

José Meza tenía 15 años cuando ocurrió la catástrofe.

DOS AÑOS DESPUÉS…

Brígido recuerda que fue hasta después de dos años de las erupciones que la mayoría de la gente pudo volver a sus casas, a iniciar de nuevo, a reconstruir sus casas.

“No se apagó el fuego rápido, tardó bastante, pues donde tiró lava ahí cerca quedó bastante, donde echaba humo y todo ahí se ardía.

 

Por JOSÉ RAÚL REYES & JOSÉ BALDERAS / GRUPO CANTÓN

 

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