Conecta con nosotros
99 vistas -

Opinión

El candidato

Publicada

en

El Presidente se había fijado en el por su disciplina, su lealtad, su capacidad de trabajo, su probada vocación de servicio y emoción social. Ciertamente, tenía experiencia de gobierno pues había ocupado altas responsabilidades. Tenía madurez y disponibilidad.

Destacado en su estado y aguerrido como pocos.

Desde el principio se afilió el partido. En su momento fue secretario de estado. Había participado en el fortalecimiento de la constitución. Fiel amigo y digno colaborador. También demostró en los hechos que sabía trabajar con dignidad y probada capacidad.

Ignacio Bonillas fue designado en su momento embajador en Washington, donde se desempeñó con eficacia y alto concepto de los intereses superiores de la Patria. Desde luego que aparte de sus indiscutibles méritos, tenía amigos cercanos al jefe del ejército constitucionalista y, en ese momento, Presidente de la República, que lo recomendaban constantemente como el hombre indicado para suceder en la presidencia al Varón de cuatro Ciénegas, Coahuila.

Finalmente, como sabemos, don Venustiano se decidió por él y, naturalmente, las alarmas se encendieron en el grupo militar que apoyaba al intrépido Álvaro Obregón, el militar más respetado dentro del ejército.

Fue el partido liberal democrático el que le tomó la protesta como candidato presidencial al señor Bonillas, pero las huestes obregonistas se rebelaron y lanzaron desde Sonora el Plan de Agua Prieta (“El Plan de Agua Prieta está conformado de cuatro considerandos y diecisiete artículos, entre los que destacan: cese en #el ejercicio del poder ejecutivo del presidente, la constitución del Ejército Constitucionalista Liberal, el nombramiento de un presidente provisional, el que convocará a elecciones del poder Ejecutivo, Legislativo”).

Álvaro Obregón Salido, junto con Plutarco Elías Calles y Adolfo de la Huerta, se lanzaron a la lucha en contra del presidente, el cual terminó asesinado en la sierra de Puebla, en un caserío conocido como Tlaxcalantongo, el 21 de mayo de 1920. Ese fue el gran error que le costó la vida a Venustiano Carranza Garza. El querer imponer a un buen hombre pero que no tenía los méritos suficientes en aquel momento histórico de México.

La historia es por eso llamada la gran maestra de los pueblos. Nunca se debe cometer el mismo error. Así como ahora tenemos un verdadero presidente, así se requiere también, una persona entrenada y capacitada, con fuerza y valor para servir a México.

Que ame verdaderamente a la patria, con grandeza de ánimo en las adversidades, con humildad. Que posea las cuatro virtudes cardinales: Prudencia. Justicia. Fortaleza. Templanza.

EDICIÓN IMPRESA

Tendencia