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los datos duros

El ataque de la prensa basura

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No hay duda: el periodismo está sufriendo el asalto de los porros. Enmascarados de reporteros, un nutrido grupo de personajes que persiguen fines distintos al periodismo se infiltran en charlas y conferencias. Haciendo gala de violencia, se comportan como lidercillos de un grupo de choque. Ya no son sólo los viejos intelectuales orgánicos a quienes este gobierno suspendió el chayote.

Ahora se han sumado otros actores que, a gritos, reclaman su minuto de fama.

Estos vándalos, que carecen de argumentos y sólo saben gritar diatribas y estulticias, han llegado hasta la Conferencia Presidencial “Mañanera”. Los hay pertinaces y tozudos, como Jorge Ramos, un personaje que no acude a formular preguntas, sino a lanzar acusaciones. También los hay como el español Alberto Peláez, cuyo estilo superfluo está basado en el victimismo y la teatralidad.

Pero esos son los viejos saurios del chayoteo. Ahora hay una nueva generación de porros. Son actorcillos de opereta que, lejos del reporteo y la investigación, han retomado las más burdas enseñanzas. Su “periodismo” tiene más tintes de argüenderismo.

Los nombres y apodos de estos personajes Reyna Haydee, Irving “Chillón” y los que se cumulen en la semana son lo de menos. Lo preocupante es que se las han ingeniado para infiltrar su prensa basura a Palacio Nacional.

El presidente López Obrador, con esa paciencia infinita que posee, los escucha, les responde: les ofrece argumentos. Pero ellos no están interesados en establecer un diálogo. Lo que quieren es reñir, amonestar y lanzar sermones llenos de insolencias.

Estos porros, que no se cansan de lanzar dardos pestíferos, quisieran avergonzar públicamente al Presidente. Pero como no gozan de claridad mental y su conciencia es errática, terminan exasperados ante su propia ignorancia. Alguien pedía echarlos a patadas o prohibirles la entrada.

Pero ¿no sería mejor dejarlos ahogar en su propia estulticia? Al fin y al cabo, no somos iguales.

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