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El arte y el poder

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El poder que todo lo puede repercute en todas las áreas de la vida de los seres humanos y enaltece o entierra conciencias, ideales, convicciones y hasta el mismísimo arte y sus expresiones. Los Médici hicieron de Florencia un referente de la arquitectura, de la estética y las artes, al fungir como mecenas de grandes artistas como Botticelli, Leonardo y Miguel Ángel.

Diferentes papas comisionaron a maestros como Bernini, Buonarroti y otros grandes maestros de la humanidad la realización de frescos, esculturas, edificios, plazas, basílicas y catedrales, que hoy son referente de perfección. El poder que logra que las “cosas se puedan” siempre ha tenido a sus consentidos.

Un ejemplo es el universal Salvador Dalí, nacido en Figueres, en la región de Cataluña. Este fenómeno decía que la única diferencia entre un genio y un loco es que él NO estaba loco. Aunque sí, lo estaba al menos un poco. Dalí decía que él quería ser “ligeramente millonario” y lo logró. No lo hizo solo, porque su talento no estaba en ser un hombre de negocios ni en comprender los inicios de la mercadotécnica y las relaciones públicas.

De eso se encargaba Gala, su pareja y musa, quien logro acercarse a los poderosos de la época para que el dinero le permitiera a Dalí dedicarse a una sola cosa: pintar. Ella manejaba el poder, las relaciones con empresarios, coleccionistas, galeristas y por supuesto, políticos. El más relevante de su época y entorno: El Generalísimo Francisco Franco. Dalí, a diferencia de otros de sus contemporáneos como Picasso, mantuvo una estrecha relación con el dictador, un hombre que pactó con nazis y fascistas.

Perdió el aprecio y respeto de sus colegas, pero ganó la venia del poder y eso, a veces, te permite mantenerte vigente a través del paso de los años. Salvador Dalí rehabilitó un antiguo teatro en Figueres, con el dinero y apoyo de Franco. Hoy, es parte de su legado y fiel reflejo de sus locuras y extravagancia; pero también un símbolo de que el poder hace y deshace, engrandece o borra del mapa, sobre todo en sociedades donde se les da a los gobernantes un papel de mesías, dioses o caudillos.

El arte ilustra, educa y es representación fiel de los tiempos que viven sus creadores, pero también es legado puro de quienes gracias a sus recursos pueden hacer de un loco un genio, y convertir a un villano en héroe.

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