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El absurdo para las nuevas campañas

En México, primero abusamos al extremo en algún tema, y después para “corregirlo”, se piensa que la solución es hacer de inmediato, de tajo o como se dice coloquialmente de “madrazo”, todo lo contrario.

Porque yendo al extremo opuesto, en automático hay redención, perdón y olvido, lo cual no puede ser más equivocado. Las cosas malas deben terminar de golpe, sí, así debiera ser en un escenario ideal, pero ningún extremo resulta favorable, porque se comienza a transitar por el camino de la dramatización, el fanatismo y el adoctrinamiento.

Todo exceso es malo.

Como durante años se abusó de los recursos públicos para los procesos electorales y las campañas de los diferentes partidos políticos, hoy las reglas electorales se van al extremo opuesto, y para hacer campaña, los candidatos mejor deben quedarse en sus casas y solo usar redes sociales con la esperanza de que nos les toquen distritos muy rurales, donde no hay cobertura de Internet, y asumiendo que en México, por muchas carencias que tenga la gente, cuenta con un celular con WhatsApp y Facebook.

El INE y los Institutos Electorales de los estados han diseñado reglas y restricciones, que evitan o inhiben que una persona pueda hacer campaña, incluso de forma correcta, legal y decente.

Por un lado lo aplaudo, porque sí, es mucho dinero tirado a la basura, por el otro me parece absurdo que contabilicen como gastos de campaña, hasta una paleta helada que le sea regalada a un candidato o candidata. Reuniones, personal, vehículos, lonas, videos, spots de radio y TV, todo tiene un tabulador y todo se contabiliza en los rangos más altos. Si no se reporta inmediatamente, un video filmado con un celular, puede ser impugnado y contabilizado, como si lo hubiera producido Steven Spielberg.

Adicionalmente, con la pandemia, se exigen personas dedicadas a proveer de elementos sanitarios las giras o pocas reuniones que cada candidato pueda tener. De igual manera se contabilizan los insumos. Si alguien va de acompañante, se le contabiliza como chofer o asistente.

Repito y soy enfático: bienvenido el control a los abusos, pero si nos vamos al extremo radical opuesto, tampoco se abona mucho a la democracia

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