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Peña Nieto, condecoró a Cienfuegos Zepeda.

México

Dos Generales opuestos: Cienfuegos y Sandoval

Sobre la corrupción de los neoliberales, el Presidente López Obrador se quedó corto.

Así corría esperanzada y con no pocos sobresaltos la vida de los habitantes de México, hasta que un acontecimiento ines­perado y sorprendente vino a interrumpir su monotonía. Por primera vez un exjefe del Ejér­cito mexicano fue detenido en Estados Unidos acusado de narcotráfico.

Era el general Salvador Ci­enfuegos, secretario de la De­fensa Nacional en el sexenio del presidente Peña Nieto. De­tenido por agentes de la DEA el jueves 15 de octubre a su arribo al aeropuerto de la ciudad de Los Ángeles, California, como resultado de una investigación de corrupción por narcotráfico que desde hace una década ve­nía llevando a cabo el Departa­mento de Justicia de EU.

Es la detención más audaz realizada por la agencia antidro­gas estadounidense en lo que se refiere a México; superior, sin duda, a la detención de García Luna y la del exgobernador de Chihuahua, César Duarte.

–La captura del general Cienfuegos y de García Luna confirma dos cosas: que la co­rrupción en los sexenios de Calderón y Peña Nieto, fue mu­cho más grave a nivel de pre­sidentes –fue lo primero que llegó a la mente del presidente López Obrador, apenas se en­teró del escandaloso asunto–. ¡Me quedé corto! –exclamó con desaliento.

¿Imposible?

Cuando López Obrador busca­ba secretario de la Defensa, un grupo de suboficiales, oficiales y jefes de las Fuerzas Armadas, afines al hoy exsecretario de­tenido, le entregaron una lista ceñida de candidatos salidos de su mismo grupo para sustituir a Cienfuegos. No querían irse ni dejar el hueso.

Pero el Presidente electo ya había decidido, y así se los hizo saber a finales de del mes de octubre de 2018. Después de una fugaz y tensa reunión mañanera con López Obrador, el secretario de la Defensa, Salvador Cienfuegos, convocó a su despacho a los generales Roble Arturo Granados Gallar­do, subsecretario, y Eduardo Zárate, oficial mayor, a quie­nes durante meses los medios informativos los citaban como sus posibles sucesores.

–¿Cuánto tiempo hace que nos conocemos? –les cuestionó Cienfuegos, a manera de intro­ducción de lo que realmente quería comunicarles.

–Desde el Heroico Colegio Militar, desde el Centro de Es­tudios del Ejército y Fuerza Aé­rea Mexicanos –respondieron al unísono los dos entorchados.

–Sí, mucha agua ha corrido bajo el puente –dijo Cienfue­gos.

–Más de la que podríamos contener –agregó uno de los generales–, ¿a qué viene eso, mi comandante, pregunto esto con todo respeto –cuestionó el segundo.

El jefe de la Sedena se arre­llanó sobre su duro sillón de cuero crudo y, en forma escue­ta, les reveló que minutos antes el Presidente electo le había informado que el nuevo titular sería el general Luis Crescen­cio Sandoval.

–Pero eso es imposible –in­terrumpió uno de los dos con­vocados, dejando salir un fuer­te resoplido.

–Como lo oyen.

–¿Y no hay ninguna duda?

–Ninguna.

–Vaya, tendremos entonces un emergente en la milicia.

En efecto, el general Luis Crescencio Sandoval no perte­necía al reducido círculo que durante muchos años ha cons­truido la alta jerarquía militar. Bueno, ni siquiera había sido incluido en el escalafón en­tregado al tabasqueño con los nombres de quienes presumi­blemente reunían los mayores méritos para estar al frente del Ejército.

Durante su reunión con López Obrador, Cienfuegos intentó hablar sobre temas li­gados al sector. Pero la pronta respuesta del tabasqueño lo dejó de una pieza:

–Mi general, ese tema mejor háblelo con el general Sandoval.

En ese momento, no antes, el general Cienfuegos com­prendió que no tenía ninguna oportunidad de influir sobre quién sería su relevo en la De­fensa.

HONRADEZ Y LEALTAD

A la Sedena llegó –dicen quie­nes aseguran saber todo de la milicia mexicana– un hombre cabal, honrado y, sobre todo, con verdadero amor a México. Al no pertenecer al círculo de Cien­fuegos, es garantía de que hay limpieza y honestidad en Lomas de Sotelo. Sandoval respeta a la tropa y en él ven una esperanza de justicia en los ascensos.

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