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Doña Cayetana

En esquina de las calles Cuauhtémoc y Centenario, de la ciudad de Cunduacán, estaba la tienda de doña Cayetana: armatoste y mostrador de caoba y ella tan “fuerte como una piedra protectora”. Vestía de enagua hasta el calcañar y en el barrio entero de Santiaguito sabíamos que frecuentaba estar detrás del mostrador. Era una dama de facciones originales. Por ello vive presente en la memoria actual.

Su tienda, de aquéllas en que, para atraer a la clientela infantil, daban a los niños un frasquito buscando que estos se ofrecieran en casa a comprar y pedir “La contra al contrero”.

Tiempos en que los centavos contaban hasta para los informes de presidentes y gobernadores.

De suerte que cada granito de maíz o de frijol valía un centavo y al hacer la cuenta del contrero el infante podía recibir hasta una peseta de veinticinco centavos o dos.

Todo recuerdo cuenta, pero uno de ellos fue impactante de casa en casa.

El hecho: que el señor don Carmen Zacarías, persona de a caballo y pocas palabras, siempre acompañado de un machete Collins, el año de 1949 quiso pasar ya medio chispo a dar saludos a doña Cayetana. Por mera casualidad, ahí estaba el señor Bernardo Chávez, persona con la que tenía “salpullidos”. Caso es que ambos desenvainan el machete frente a doña Cayetana. Esta los reprende pero ambos siguen endiablados. Abanican el machete hacia la cabeza. Resultado, que esquivan el golpe. Pero don Bernardo Chávez acierta a cortar una mano a don Carmen Zacarías, quien partió despavorido echando gritos rumbo al botiquín de don Chucho Blé, al rato que la Policía Montada se llevara a horcajadas a Bernardo Chávez y la mano desprendida casi tamborileaba sobre el mostrador. Nada costó que la gente imaginara que doña Cayetana saca de su baúl una pañoleta y envuelve cuidadosa la mano para cuando don Carmen Zacarías regrese…

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