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Doña cayetana II

Bien que no estamos solos. Como no queriendo averiguar, tres lectores preguntan:

-¿Qué sigue con doña Cayetana?

La mano que hizo manco a Carmen Zacarías dio en el barrio mucho de qué platicar. Facilito.

Asumo pues, recrear lo que durante varios días fue comidilla de boca en boca.

Muy normal, oír comentar en las tiendas de abarrote de don Eloy Madrid y don Galileo Madrid, que la mano de Carmen Zacarías estaba en buena custodia: doña Cayetana, dama admirable.

Vaya, que hasta cuando el mejor médico del pueblo, Don Chucho Ble, pregunta a Carmen “Dónde dejaste la mano, muchacho”, aquél responde muy cuerdo que “en la tienda de doña Cayetana”, cosa que el Médico asintió.

La noticia anduvo con naturales agregados de cada conversador.

Uno, asegurando por la Señal haber presenciado la escena espectacular –así afirmaba-.

Otro, que se le había llegado la hora a la mano de Carmen Zacarías y mejor que no haya sido a su cabeza.

Algún desperdigado: que el Médico hizo curación casi perfecta, conocedor de las personas y problemas como éste de macheteados por “a que no le quitas la basurita”.

Que a los tres días Carmen fue dado de alta con todo y caballo, sin ocuparse en poner la denuncia ante el MP quien soltó a Eduardo “por falta de méritos”.

Carmen así, hecho un héroe, macho hasta la cola, lo primero que hizo fue buscar la tienda de doña Cayetana:

-Buenas tardes, tía –así la reconocía-. -Veo que si, hijo:

Buenas tardes –así hablaba doña Cayetana.

-Vengo por mi mano –dijo Carmen-. -Ahí te la conservé, en salmuera –dijo la tía, agregando: Ve si no le falta ningún dedo.

Y Carmen, hecho el conteo, picó espuelas, la mano completita, con la idea de colgarla en el gallinero del traspatio, dizque para ahuyentar a los zorros.

Mi barrio de Santiaguito, servido con la cuchara grande.

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