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Dios nos creó para que seamos libres

Los bienes de la tierra fueron creados y puestos al servicio de todos los hombres y mujeres.

Ha sido el pecado lo que tras­torna este destino querido por el Creador, por eso los seres hu­manos giran hoy alrededor de la posesión egoísta de los bienes materiales, de tal manera que la economía es la que determina las decisiones importantes pa­ra la humanidad, los destinos de los pueblos y hacemos depender también la estabilidad de las fa­milias e incluso la felicidad de las personas del dinero que se posea.

Los graves problemas que tiene la humanidad, tienen una relación vital con la econo­mía. Poseer bienes y disfrutar a manos llenas de todo lo que se compra y se vende es la máxi­ma aspiración de muchas per­sonas actualmente.

Hemos llegado al grado de considerar que vale más el di­nero que las personas. Todos sa­bemos que muchos hermanos padecen actualmente del stress porque falta lo necesario en la casa, el alimento, los medica­mentos y otros recursos que son indispensables en la familia.

En realidad es un panorama que está afectando de modo muy fuerte a nuestro pueblo.

Dios nos creó para que sea­mos libres de cualquier depen­dencia, para no estar atados a nada ni a nadie. Los bienes de la tierra, en general, han de es­tar al servicio de las personas y no al contrario. Precisamente por esta servidumbre al dinero, hemos caído en situaciones de injusticia y de corrupción que afectan severamente a la fami­lia y a pueblos enteros.

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La ambición e idolatría de los bienes materiales es causa también de división entre las naciones y entre las familias que se destruyen por proble­mas de herencias.

Hoy, más que nunca, es ur­gente una conversión, un cambio de mentalidad, para dar paso a la solidaridad, para poner en prác­tica el compartir lo que somos y tenemos. Precisamente hace falta romper con la dependencia enfermiza de la acumulación de los bienes materiales.

Así como es muy indispensa­ble participar todos para acabar con los contagios de la pandemia, así también es sumamente ne­cesario que todos pongamos en práctica nuestro espíritu de soli­daridad, de hermandad, para que ninguna persona pase hambre.

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