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La orgullosa madre abraza con gran amor a Panchito, su hijo de 12 años de edad.

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Dios me dio la fuerza para resistir y cuidar a mi hijo”

Afectada por las inundaciones, Candelaria asegura que lo que menos que le interesaba eran resguardar sus pocas pertenencias; lo único que pretendía era preservar la salud de su hijo Panchito.

Candelaria creció y vivió toda su vida en Gaviotas Sur, para ella las inundaciones no son nuevas, pero esta fue diferente. Ahora su prioridad era la vida de su hijo Francisco, un niño de 12 años de edad que tiene una Colostomía.

En el 2007 cuando se registró la mega inundación no había na­cido ‘Panchito’, a como ellos le llaman de cariño, de 12 años de edad. El miedo a que el niño en­fermara de Coronavirus hizo que resistieran los embates del río Grijalva en su domicilio.

“La salud de mi hijo es frágil por el problema que tiene de na­cimiento, sus intestinos están de fuera y tenemos que cuidarlo mucho. Me resistí ir a un alber­gue porque me da miedo que el niño se enferme de Coronavirus; él es de alto riesgo, por eso me quedé en mi casa; pensé que el agua no nos iba a llegar”.

Asolada por las inundaciones, Candelaria asegura que lo que menos le interesaba eran res­guardar sus pocas pertenencias, lo único que pretendía era pre­servar la salud del niño.

Recuerda que con el agua arri­ba de las rodillas sacó a su hijo; con la ayuda de otras personas, lo subió a una casa en construcción.

“Colocamos una escalera y su­bimos. Al niño le daba miedo su­bir porque creía que iba a caer al agua. Yo clamaba a Dios, le pedía que me diera fuerzas para resistir a esta calamidad, mi Dios y salva­dor nos protegió”.

Sin camas, sin muebles para hacer el cambio de la bolsa de Co­lostomía de Panchito, Candelaria improvisó una cama con unas ca­jas de refresco donde colocó una pequeña colchoneta para cam­biar la bolsa. Durante 10 días ba­tallaron para conseguir alimen­tos, Candelaria temía bajar de su refugio para ir por comida, pero es una madre decidida y sabía que tenía que salir para alimentarse ella, su esposo que tiene Mal de Parkinson y a su hijo.

Mientras el cielo tabasqueño se caía por la intensa tormenta de los frentes fríos, no lo dudó un momento, así que caminó con el agua hasta el pecho para ir por ví­veres sin importar poner en ries­go la vida misma.

“Una mamá hace todo por un hijo; yo creo en Dios y él me dio la fuerza para resistir y cuidar a mi hijo” comentó.

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