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Dios está presente cuando hacemos el bien

La mujer y el hombre fueron creados a imagen y semejanza de Dios, tienen una inteligencia para pensar, transformar, perfeccio­nar el mundo y buscar siempre la verdad; poseen también una voluntad con la cual se relacio­nan, aman y buscan el bien, de tal modo que ningún ser huma­no ha sido creado para la menti­ra y para el mal. Podemos llegar a la plenitud humana cuando nos convertimos en buscadores per­manentes del bien y de la verdad.

Por obra del enemigo infer­nal, el pecado nos hiere en lo más profundo de nuestra condi­ción humana, y entonces muchos hombres y mujeres desvían su ca­mino y se autodestruyen buscan­do y haciendo el mal.

El Creador nos ama tanto que no se ha dado por vencido y por eso llegó al extremo de enviarnos a su Hijo para rescatarnos y tener vida en abundancia.

Nos rescató del pecado, del mal y restauró nuestra heri­da para que podamos pasar por el mundo siempre haciendo el bien. Por eso hoy Dios está pre­sente en la tierra cuando noso­tros los humanos lo reconocemos a Él y hacemos siempre el bien, luchamos para hacer de la tierra nuestra casa común, la casa de la hermandad, cuando dejamos de ser indiferentes ante las necesi­dades de nuestro prójimo y da­mos los pasos para construir una nueva humanidad.

Por eso ahora podemos pal­par la presencia de Dios en mé­dicos, enfermeras, personal de servicio, trabajadores en tiendas y servicios; los panteoneros y tan­tos otros que lo están haciendo presente y lo sirven en su pueblo, aunque muchos tienen que de­jar su familia, no descansan bien y arriesgan su propia vida. Mu­chos otros, por propia iniciativa, dedican también su tiempo para la solidaridad buscando compar­tir algunos recursos y despensas.

Todo esto es precisamente ac­ción de Dios en el mundo que, por su Espíritu Santo, inspira en no­sotros y nos fortalece e impulsa para hacer el bien.

Entonces la pandemia nos es­tá dejando una enseñanza de có­mo dar testimonio de la presencia y la acción de Dios en el mundo. Cuando todo esto haya pasado tenemos que convertirnos todos en mujeres y hombres solidarios, participativos; hemos de vencer el individualismo, el egoísmo, los odios y ambiciones y aprender que no podemos ser indiferentes.

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