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Los agiotistas no la dejaban respirar un poco, recuperarse de las deudas. Ni siquiera les importaba que los tiempos fueran de pandemia.

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Deudas llevan a madre a colgarse

Violeta escapó por la puerta falsa a causa de los altos réditos que no podía ya pagar a los agiotistas.

SALTILLO, Coahuila.- Las deudas no dejaban dormir a Violeta hasta el punto de que el pasado lunes 25 de enero, optó por lo peor: poner fin a sus días por voluntad propia, dejando en la orfandad a cinco hijos.

Había intentado por todos los medios salir adelante, pero los réditos que pagaba a los agiotistas chupaban como agua el poco dinero ganado.

Primero se le ocurrió realizar pequeñas ventas de comida para ganar el extra que le permitiera cumplir con sus pagos mensuales. Los prestamistas la llamaban mensualmente para recordarle los pagos.

Jamás se le había ocurrido no pagar los altos intereses que se iban acumulando, estaba claro que no podría pagarlos, pero se negaba a quedar mal y quedar como una «deshonesta». Sus padres le habían enseñado a no darse por vencida y, sobre todo, a ser honrada y trabajadora.

ERA LUCHONA Y HONRADA

Las ventas no fueron suficientes de todas maneras como para zafarse de los prestamistas. Con el dinero de su esposo Luis Arturo no contaba, el salario de ladrillero apenas si rendía para alimentar a las siete personas que moraban en aquel hogar, ubicado en la colonia Héroes de Nacozari.

Un día, cuando la gente se estaba acostumbrando a la pandemia, se le ocurrió la solución a sus males financieros: pedir prestado a otros prestamistas para cubrir las deudas viejas. Todo iría bien de no ser que surgieron nuevos imprevistos, gastos no planeados que dieron al traste con los pagos.

Su esposo Luis Arturo no cobró por unas semanas y uno de los niños se enfermó y tuvieron que tomar el centavo apartado para los pagos.

Ahora sí Violeta se sintió hundida, como si le hubieran puesto a sus tobillos unas polainas de plomo y le costara trabajo moverse. Supo que no saldría de deudas porque tenía que pagar a los viejos prestamistas y a los nuevos, con los cuales había contraído nuevas deudas.

SE CUELGA CON UNA SOGA

Dos días antes de decidir su fatal destino, Violeta recibió la vista de su hermana Mariana. Esta cuenta que su carnalita «no había mostrado ningún signo de tristeza, todo parecía estar normal en la casa», explicó.

Lo que sí recuerda es que ésta expresó su «preocupación por la difícil situación económica en la que estaba». Los agiotistas no la dejaban respirar un poco, recuperarse de las deudas. Ni siquiera les importaba que los tiempos fueran de pandemia. Ellos querían su dinero o el alto rédito que ellos mismos habían fijado.

El lunes Violeta puso a los niños a jugar afuera de la casa. Los vio por última vez. Eran todos menores de edad. Vio a la mayorcita de apenas 16 años jugar con sus hermanitos. El corazón de Violeta se sintió culpable de tenerlos en esta situación y dejarles solo deudas.

ENTRÓ A LA CASA Y CRUZO LA SOGA EN UNA DE LAS VIGAS

Los niños siguieron jugando en el patio, aun cuando vieron llegar a su papá. Luis Arturo los besó a todos y apuró los pasos para ver a Violeta, que esta vez no salió a recibirlo. Su grito de dolor paralizó el juego de los chiquillos.

Sus ojos no podían creer lo que veían: su Violeta estaba suspendida de una soga. Rápidamente la bajó al suelo y comenzó a darle los primeros auxilios. Fue inútil la llega incluso de los paramédicos.

La Procuraduría para Niños y Niñas y la Familia designó a Mariana y a Luis Arturo custodios de los cinco menores de edad.

«Nunca sabremos exactamente por qué lo hizo, nos tocará a todos apoyar a mis sobrinos», contó la tía Mariana y ahora custodio de sus cinco sobrinos.

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