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ECHADOS EN LA HAMACA

Desde Moscú, los medios y la sospecha

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En un mundo cada vez más globalizado resulta paradójico lo complicado que es construir, mantener y promover medios de comunicación igualmente globales. Básicamente se reduce a la incapacidad de este servicio público en redituar, al menos, la misma cantidad de dinero que cuesta echarlo a andar. Se sabe. Dejemos ya de lado siquiera la cuestión de algún día dejar ganancias, algo fuera de toda posibilidad.

Pienso en Rossiya Segodnya —y lo hago precisamente porque con ellos estamos trabajando Moscú, desde donde escribo estas líneas—, el conglomerado mediático ruso más grande del país y el cual incorpora servicios de noticias, agencia y otros como radio y foto reportaje. Una corporación financiada fuertemente por el estado pero cuyo ‘título de propiedad’ no le pertenece al mismo. El estado ruso ha entendido y asume la responsabilidad de tutelar un proyecto global al invertir de manera sistemática en la generación de contenido noticioso, no solo para ellos mismos sino también para el mundo. Su punto focal de ingreso está concentrado en los ‘newswire’, los cables de agencia que nutren a todos sus referentes globales.En su punto más alto de capacidad operativa (previo a las sanciones internacionales y a la expulsión de corresponsales de todo el mundo), la corporación contaba con corresponsales en más de 60 países y generaba información en 7 idiomas. Dicho esquema obliga a la corporación y a su rama de noticias, Sputnik, a seguir un método que convierta a su contenido en información útil, relevante y oportuna.

¿Que tienen intereses? Claro, la diferencia es que aquí son públicos y notorios y están expuestos a la luz del día. ¿Acaso Comcast, uno de los conglomerados mediáticos más grandes del mundo —pero estadounidense y privado— no tiene también intereses? Se habla mucho de la necesidad de fomentar el pensamiento crítico. Yo reivindico mejor a la ‘sospecha’. La hipocresía de Occidente ha generado que una gran parte de lo que sucede en el mundo (Rusia es un país con 11 husos horarios distintos, sólo para dimensionar el tamaño de territorio) sea oscurecida por los prejuicios de los medios de comunicación. Dicho de una mejor manera: por los prejuicios de los dueños de los medios de comunicación.

Algo de lo que entendemos muy bien en México.

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