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Seguridad

Desaparece niño sin dejar rastro

Jugaba en el interior de un patio con doble cerradura. Familiares creen que fue sustraído con engaños porque no hubo gritos ni llantos.

BENITO JUAREZ, Q. RRO.- La madre de Emanuel «M» se fue al otro cuarto para medirle una ropita a su otra hija, a ver si le quedaba o había que costurarla, cuando su otro pequeño le avisó que iría a jugar sus carritos al patio.

Acababan de cambiarse hacía apenas dos días al número 71, de la calle Bonampak y casi Sasil, en la colonia Kalá, y no habían terminado siquiera de acomodar sus cosas.

A la señora le había gustado esa casa azul junto a una pollería porque para entrar había que cruzar dos rejas con sus respectivos cerrojos. Quien tiene hijos menores de edad puede comprender fácilmente las precauciones de una madre como ella.

Emanuel es un niño tranquilo de ocho años de edad, que le gusta perderse solo en sus juegos, sin hacer tanto ruido. Solo para de jugar cuando lo llama su madre para comer o irse a la cama.

Su madre rara vez se preocupa por el niño, pero no han pasado ni cinco minutos cuando deja de medir abruptamente el vestido de su hija, su corazón palpita velozmente sin motivo alguno, su pensamiento le advierte que no hay mucho ruido en el patio.

Suelta la cinta métrica con la que medía el vestido y sale al patio de la vecindad, las dos rejas con cerrojos están cerradas. Ella se calma.

Su alma se alivia al pensar que su hijo travieso se ha escondido, que quiere jugar con ella para dejarse encontrar y sorprenderla. Los carritos de Emanuel están dentro de la bolsa transparente, sobre el alfeizar. Ni siquiera los ha sacado.

Ella camina por el pasillo viendo los quicios de las otras casas, revisando detrás de los cilindros de gas y levantando el cuello por todos los rincones.

Por último, va al traspatio del inmueble y sólo mira unos helechos amarillentos y polvosos metidos en unas macetas resquebrajadas. El silencio se le hace insoportable.

Comienza a llamar a gritos a Emanuel, primero diciéndole que deje de esconderse, luego gritando a los vecinos, preguntando por su hijo, llorando.

FUE SUSTRAÍDO CON ENGAÑOS

Los de las otras casas salen inmediatamente, la ayudan a buscar de nuevo, otros abren las dos rejas de la entrada y caminan hasta la calle Sisal, preguntan a un vendedor de tamales que pasa si han visto a un niño pecoso, de aproximadamente ocho años, de un metro y 20 centímetros.

Los vecinos le dicen a la madre desconsolada que no vieron ni oyeron nada. Miran una y otra vez las dos rejas con cerrojo y no entienden cómo el infante ha desaparecido. Un par de señoras la acompañan a la Fiscalía del Estado de Quintana Roo para poner la denuncia. Hasta el momento las autoridades no han emitido la alerta Ámber.

Con los agentes de la policía, la madre de Emanuel describe la ropita con que vio a su pequeño la última vez: una camisa sport blanca, un short azul con franjas del Hombre Araña, es delgado, de ojos grandes, cabello lacio y su piel es clara.

Cuando los agentes le piden una seña en particular, algún rasgo que ayude a su localización, ella recuerda el apodo que le decía para llamarlo a comer: «Pecoso».

«Es muy raro que no haya hecho algún ruido. Posiblemente fue sustraído de manera engañosa, si lo hubieran sacado a la fuerza habría gritado o llorado o dejado tirada una chanclita», explicó un tío de Emanuel que espera su sobrino aparezca pronto.

Hasta el momento, los agentes de la Fiscalía se encuentran investigando la misteriosa desaparición, sin que el niño aparezca.

 

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