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Debía cuidar a su hijastro y lo viola

Carlos «N» es detenido por el probable delito de homicidio calificado en agravio de un menor. La madre del infante, Leydi «N», desconocía que era abusado.

Carlos N. fue detenido por policías de Quintana Roo.

BENITO JUÁREZ, Quintana Roo.- Cuando el pequeño Henry fue ingresado a la clínica del IMSS de la región número 94, la madre de nombre Leydi explicó a los médi­cos que su hijo tenía inflamado el estómago y lo tuvo que traer al hos­pital porque se debilitó muy rápido por causa de una diarrea.

Unos enfermeros subieron inmediatamente al infante de un año y medio de vida a una camilla y lo llevaron a una sala donde había equipo computarizado.

Una enfermera tomó el pulso del infante y otra colocó cables so­bre el pequeño pecho, que parecía no moverse.

Los tres, incluido el médico, miraron la pantalla. Ninguna línea parece levantarse. «No hay acti­vidad cardiaca, doctor», apunta la enfermera.

El médico ordena que se realice una cardioversión. El enfermero toma los desfibriladores y trata de reanimar con varios intentos al pa­ciente, sin resultados positivos. El pequeño Henry está muerto.

INGRESÓ A HOSPITAL POR DEARREA

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Leydi, de 21 años, originaria de Cancún, trabaja de siete de la ma­ñana a tres de la tarde. No tiene otra opción que dejar a su pequeño Henry al cuidado de Carlos «N», su actual pareja.

El sábado 3 de octubre, la ma­dre es retenida dos horas más en su trabajo, y regresa a su casa, ubicado en la supermanzana 251, cuando el sol está a punto de ponerse.

Apenas entra la mujer al hogar, Carlos «N» se siente aliviado, el padrastro del infante ha estado in­quieto durante todo el día, le cuen­ta a la madre que el menor respira con dificultad y que muy probable­mente tenga cólicos.

Leydi, cansada, se acerca a don­de está su bebé y lo ve muy callado, se queda un rato viéndolo y descu­bre que su pequeño se mueve por momentos, como si tuviera dificul­tad para respirar.

Lo carga sobre su hombro y con una mano le da palmaditas en el pecho, para ayudarlo a eruc­tar. Así está la madre durante casi cuarenta minutos, pero Henry no da muestras de mejorar. Ahora su respiración casi no se siente, y ya ni siquiera se mueve.

La madre decide entonces ir a la clínica del IMSS más cercana. Arri­ba al hospital a las siete y media de la noche. Ya hace rato que la luz del sol se metió. Leydi reza por su bebé.

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EL MENOR FUE GOLPEADO Y ABUSADO

El médico pide a las enfermeras que desvistan al bebito. Se acercan los cuatro alrededor del cuerpeci­to moreno y comienzan a revisar­lo. Encuentran hematomas en la espalda, en la pierna y en el abdo­men, además de escoriaciones en el pene. Al voltearlo de espalda, de­tectan inflamado el ano, con proba­bilidad de desgarre.

Apenas sale de la sala quirúr­gica, el médico siguiendo un pro­tocolo redacta una notificación médica de caso legal para dar aviso al ministerio público. Después se dirige a la sala de espera e informa a la madre la fatal noticia.

Una hora después, en un pri­vado del hospital, los agentes de la Fiscalía Especializada en la Inves­tigación de Homicidios entrevis­tan a la madre de Henry. Ella decla­ra que los moretones de su hijo se los hacía jugando, «se caía mucho y se lastimaba».

La necropsia —que formará parte de la carpeta de investigación 496/2020— revelará que Henry fue violado y golpeado antes de fallecer. Leydi afirmará no saber nada de que su pequeño era abusa­do por el padrastro.

Lejos de ahí, agentes de la Poli­cía de Investigación ya están en la súper manzana 251, Carlos «N», pareja de Leydi y padrastro de Henry, queda detenido por el deli­to de homicidio calificado en agra­vio de un menor.

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