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julio 25, 2021

Columnistas

De qué sirve la hegemonía de Morena

Por Héctor Tapia

 

• Adán Augusto, menos votos, mismos triunfos

• Causas de la derrota en Paraíso y el «plan b»

 

Visto desde el poder, el triunfo de Morena en Tabasco a mitad del sexenio es otra obra de gran envergadura política, un «ideal democrático» hecho realidad, la consolidación del proyecto que per­mitirá, sin sobresaltos, terminar la segunda parte del mandato. Mientras, en el camino, desde la propia mayoría se irá impulsando a hombres y mujeres a los que se les heredará con holgura la oportunidad de conservar lo que hoy han logrado refrendar a fuerza de los votos.

Desde el poder se percibe lo ganado como una reivindicación a su legitimidad y, a la vez, como una ampliación sobre territorios a los que ha de gobernar rodeado de partidarios con la idea en mente de que todo es en beneficio del pueblo. Sus decisio­nes no serán desobedecidas, ni en el Congreso, ni en casi ningún ayuntamiento. Su fuerza llegará hasta donde los límites del triunfo lo permitan, con la confianza de que este poderío y todos los recursos que se ejerzan tienen el consentimiento legal de los gobernados, que para eso son las elecciones.

Las preguntas que los de Morena tendrían que hacer­se serían las siguientes: ¿Cuál es la ruta del triunfo? ¿Hacia dónde se llevará a Tabasco después de la responsabilidad que los electores les han refren­dado? ¿Para qué le servirán al estado las mayorías en el Congreso local y los ayuntamientos?

Los triunfos electorales no deben ser visto como trofeos, tienen una razón y deben considerar res­puestas con objetivos. Más allá de mostrar músculo ¿a quiénes más les servirá el dominio de Morena en Tabasco, obviando al poder en turno, a los diputados locales y federales y alcaldes electos?

De la felicidad por ser el único estado donde la 4T ganó todas las diputaciones locales en disputa sin ir en alianza, se debe pasar a la de comprender el sig­nificado de esos números. Para qué ganar —no visto en el sentido partidista electoral—, si no en el de la gobernanza. Ahora toca transformar el éxito de la contienda en algo que beneficie a todos.

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La historia de la aritmética electoral de Tabas­co registra 1997 como el último año en el que un partido, el PRI, obtuvo un auténtico «carro com­pleto». Ocurrió a la mitad del gobierno de Roberto Madrazo, cuando sus ambiciones por ser Presidente de la República hervían y aquellos resultados se obtuvieron con la más rancia práctica del viejo trico­lor —jamás ha existido uno nuevo—. Desde aquella fecha, hasta el día de hoy, todo ha cambiado, tanto, que de aquel «carro completo» los priistas hoy sólo están a la espera de que les entreguen un rin o una llanta, con solo tres diputaciones locales plurinominales obtenidas.

En un ejercicio de comparación de los votos recibidos en las elecciones para diputados locales en los últimos cuatro gobiernos estatales [de Ejecutivo e intermedia], similar al presentado el miércoles pasado por el Presi­dente a nivel federal, se muestra que a los dos man­datarios nacidos desde la oposición no les ha ido igual en los comicios de medio término que al par de últimos priistas que tuvieron las riendas del estado.

Los números registrados en las elecciones del gobierno de Manuel Andrade Díaz (MAD) pueden ubicarse como el último eslabón entre ese priismo aceitado y que aún lograba obtener los votos que se propusiera y el nacimiento de una incipiente oposición, liderada en aquellos tiempos por el PRD.

A eso podemos atribuir el alza de votos para diputa­dos locales, entre el año 2000, cuando MAD fue electo gobernador [en elección anulada] y el PRI sacó 284 mil 213 y la intermedia de 2003, en la que se obtuvo 297 mil 341 votos, es decir 13 mil 128 más, lo que le da un aumento del 4.6 por ciento de votos.

En el sexenio siguiente, cuando Andrés Granier Melo gana la gubernatura, para diputados locales el tricolor obtiene 374 mil 352 votos y a la mitad de su go­bierno en esa misma elección para el Congreso estatal logra sacar 278 mil 810 votos, unos 4,458 votos más, equivalente a un 1.1 por ciento más de sufragios.

Para el año 2012, cuando Arturo Núñez Jiménez se convirtió en el primer gobernador emanado de la izquierda [PRD], impulsado por Andrés Manuel López Obrador, quien compitió por segunda vez a la Presi­dencia, los votos emitidos para diputados locales fueron de 427 mil 523, mientras que tres años después, en lo que puede considerarse un referéndum a su administración, los sufragios cayeron a 250 mil 334 votos, unos 177 mil 189 papeletas menos, lo que le valió una pérdida de 41.4 por ciento.

En 2018 fue Morena Tabasco quien contó con el impulso de un López Obrador, que por fin llegó a la Presidencia de la República e hizo ganar a Adán Augus­to López Hernández, en aquella elección el índice de votos para legisladores locales se ubicó en 675,761 votos, mientras que en la intermedia que acabamos de tener, los candidatos de Morena para diputados locales solo obtuvieron 447 mil 025 votos, una caída de 33.80 por ciento, otro posible plebiscito.

Pese a la disminución de votos, el gobernador Adán Augusto y Morena mantienen el control de Tabasco con 13 alcaldías ganadas y todas las diputaciones de mayoría relativa, de esas que se ganan con votos en las urnas.

Triunfó Morena y triunfaron los electores, aún en escenarios insospechados donde votantes de cuatro municipios no eligieron el 3 de 3, sino que diferenciaron su sufragio, y colocaron el término «insospechado» porque Cunduacán y sobre todo Paraíso fueron grandes beneficiarios de los apoyos federales, con autoridades emanadas de la 4T. ¿Qué pasó?

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Paraíso es un paradigma para el resto del estado, pues sus ciudadanos, conscientes de que la Cuarta Transformación está invirtiendo en su municipio la suma de 8 mil 918 millones de dólares en la refinería de Dos Bocas, decidieron realizar un voto cruzado, des­echando a la candidata a presidenta municipal de Morena, Beatriz Milland Pérez, pero no a las diputadas federal y local por ese partido.

Incluso, a diferencia del resto del estado, en este munici­pio de la costa la elección de diputado local obtuvo la mayor votación [57 mil 970 sufragios] que la de alcalde [42 mil 093 votos], lo que llevó a que la candidata a legisladora de More­na Laura Patricia Ávalos Magaña ganara con 24 mil 784 votos (42.7%) en tanto que la abanderada a alcalde por Morena perdió con apenas 12 mil 129 votos.

La pérdida del municipio por Morena es una combi­nación de errores del partido, de la candidata y de la actual alcaldía en el poder. A continuación, los enumero:

  1. Beatriz Milland, la ciudadana empresaria, fue electa legisladora por Morena y nombrada presidenta del Congreso Local de la LXIII Legislatura, pero durante todo ese tiempo no instaló una casa de gestoría, menos atendió a sus electores.
  2. Los ciudadanos advirtieron que las importan­tes inversiones federales contrastaban con las obras municipales de la actual administración paraiseña, la cual no es vista como eficiente, lo que representó un factor en contra de Morena.
  3. Morena no logró la unidad entre los aspirantes que no obtuvieron la candidatura, fue así que el ex militante Alfonso Jesús Baca participó en Fuerza por México, obtenido 10 mil 910 votos (25.9%), contra los 12 mil 129 sufragios (28.8%) de Milland Pérez, insuficientes por separado para rebasar los 15 mil 129 (35.8%) de la ganadora, Ana Luisa Castellanos Hernández del PRD.

Tampoco se confunda, Castellanos es una vieja conocida del actual secretario de Gobierno, José Antonio de la Vega, fue leal legisladora al servicio de él cuando presidió el Congreso en el gobierno de Núñez, incluso la propia perredista reveló ya han entrado en comunicación, que recibió una llamada de «Pepe Toño» a quien ofreció «todas las garantías para trabajar respetuosamente a favor del municipio». ¿«Plan b»?

  

 «La alternancia fecunda el suelo de la democracia»

(WISTON CHURCHILL)

 

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