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Director Miguel Cantón Zetina
ALMA LUNA REYES

Cumplía su vocación de ser enfermera y se contagió de Covid

Mi madre y yo somos mujeres de fe, sabíamos ambas que la tormenta iba a pasar, que Dios estaba con nosotras.

“Mi vocación siempre la tuve clara desde que estaba cursando la secundaria; no había más, se­ría enfermera, al imaginármelo vibraba algo adentro de mí”.

“Hoy que fui víctima del Co­vid-19 volvería a escoger mi ca­rrera, sin importar que estuve al borde la muerte”, así lo relata Alma Luna Reyes en entrevista para Grupo Cantón, quien es enfermera desde hace más de 10 años.

Desde marzo nada volvió hacer igual para Alma, el hos­pital se inundó de enfermos y la muerte rondaba por todos la­dos, como ella lo relata.

“En la clínica del Instituto Mexicano del Seguro Social, para la cual trabajo, nada es lo mismo, no hay día que no lle­guen enfermos de Coronavirus, no hay descanso para el per­sonal de Salud, menos para las enfermeras, nosotras estamos al total cuidado de las víctimas en turno”, expresa.

 

—¿Cuando empezaron a llegar enfermos por Covid-19, qué pensabas?

Soy madre soltera. En lo pri­mero que pensé fue en mi hija de tres años de edad; siempre me decía yo misma, que nunca se vaya a contagiar mi hija o mi mamá por mi culpa, soy el sus­tento emocional y económico de ellas.

En la clínica siempre nos die­ron orientación a todo el per­sonal que trabajamos ahí, para cuidarnos y prevenir que nuestra familia no se fuera a contagiar de esta terrible enfermedad.

Sólo Dios sabrá cuándo llegará la vacuna y si ésta será suficiente para calmar la pandemia.

 

—¿Qué medidas tomabas al llegar a tu casa?

Antes de entrar, literal, me qui­taba toda la ropa en el patio de la casa, mi madre me prendía la llave de la regadera para que me metiera de inmediato a bañar.

Al salir sólo le daba un beso a mi bebé de buenas noches, nunca dormí con ellas, siempre me daba miedo.

 

— ¿Cómo fue que te infec­taste?

Sé que me contagié de alguno de mis pacientes, no sabría decir de quién. Ya llevaba me­ses de librarla, hasta que llegó el mes de junio y me enfermé.

Acudía a mi trabajo de manera normal, siempre con todas las medidas necesarias, hasta podría decir, que siem­pre fui extremista.

Un día, sentí que me falta­ba el aire, me sofocaba, pen­sé que se debía a la careta o al cubrebocas, a todo lo que traía puesto, pero fueron pa­sando los días, cada día era más constante.

Hasta que un día le dije a una de mis compañeras de piso, no puedo respirar, me siento muy mal, un médico internista me revisó, ya tenía casi los 39 grados de tempe­ratura, de inmediato me empe­zaron hacer los estudios corres­pondientes, me tuvieron que hospitalizar.

Pude llamar a mi mamá, le avisé lo que me estaba pasando, recuerdo como se soltó en llan­to, ¡y yo también al escucharla!

Le pedí que ni fuera al hospi­tal, que iba a estar bien, al cuida­do de mis compañeras y amigas. Entre lágrimas le dije que se hi­ciera encargo de Rebeca, mi hija.

Los días fueron pasando, me leyeron en la cama los resulta­dos del laboratorio y en efecto, era paciente Covid.

 

—¿Perdiste el conocimiento, te intubaron?

Afortunadamente nunca hubo necesidad de intubarme, con los medicamentos y cuidados me fui recuperando. Mis com­pañeras le pasaban los recados a mi mamá.

 

—¿Pensaste en la muerte?

No. Para Dios no hay muerte, es vida eterna. Mi madre y yo somos mujeres de fe, sabíamos ambas que la tormenta iba a pasar, que Dios estaba con no­sotras.

 

—¿Cuántos días estuviste in­ternada?

Toda la cuarentena le pedí a mi jefa directa que no me diera de alta hasta que no estuviera libre del Coronavirus, así fue.

 

—¿Qué pasó cuando llegaste a tu casa?

Las tres: mi mamá, Rebeca y yo, lloramos mucho, nos abrazamos muy fuerte para jamás volver a soltarnos.

Les dije que estaba como nue­va, a mi beba sólo le comuniqué que me había ido de vacaciones por un ratito.

 

—¿No te dio miedo regresar a la batalla?

No. Te vuelvo a repetir que soy una enfermera de fe. Mi más po­derosa arma es la oración.

Siempre pido por mis pacien­tes y por mi familia, solo fue una batalla que superé. Estoy lista para seguir atendiendo a pacien­tes Covid-19.