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Opinión

Cuando eres el mejor Charro

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Cuando Manuel F. Ordóñez Galán empezó a charrear en 1964, apenas contaba con 12 años. Hoy tiene casi 70. Han sido ya más de 58 años de andar en esas cuestiones de Charro Mayor.Casi todos los días lo ve usted llegar a las 7 de la mañana. Echa a andar las bombas para llenar el tinaco con el que luego bañarán los caballos. Luego, subirá al tractorcillo con el que emparejará y empapará la arena suelta del ruedo del lienzo.

El polvo para los charros es sagrado. Porque es el que les da la experiencia a la hora de competir.El Lienzo y él están mega identificados. Se conocen uno al otro como si fueran hermanos gemelos.El pasado miércoles de agosto, a este charro que se identifica con cada detalle del deporte donde el caballo es la parte más hermosa que le regaló la naturaleza al charro, recorrió una vez más el lienzo.

Recordó que, en una charreada de hace muchos años, el narrador de la charreada, Ricardo Sala, hombre nacido en el norte de Chiapas, le dejó grabada en la memoria sus palabras describiendo una Cala de Caballo, protagonizada por mi hoy compadre, Manuel F. Ordóñez sobre un impresionante equino de nombre “Carrizal”.

Era un caballo de estupenda alzada.Ricardo Sala, impuso con su limpia voz de barítono el silencio: “Están ustedes admirando a dos estupendas figuras, la bestia de arriba y la bestia de abajo”. ¿Qué estaba diciéndonos Ricardo Sala a los charros de las gradas? Que estaba dándose una de las suertes más hermosas de la charrería entre dos titanes.Había entre ambos, el caballo inteligente y fuerte y el charro entregado a la suerte mayor, la UNIDAD que Dios le dio al hombre en la geometría sagrada, donde él y su caballo eran solo uno.

Al final y después de hacer el último alarde, el charro hizo recular a penco con suavidad y arte. Hoy mi compadre, Manuel F. Ordóñez Galán, es miembro distinguido del Salón de la Fama de la Federación Mexicana de charros…¿Y cómo se logra esto? Entregándose con total convicción a su hermano de suertes, el caballo…

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