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Criterios de  vacunación

Desde que el Gobierno Federal anunció el Programa Nacional de Vacunación, los enemigos de la 4T comenzaron sus ataques. Partidos políticos, “periodistas”, cúpulas empresariales y organizaciones disfrazadas de sociedad civil, NO entendían y aún no lo hacen, que la vacunación privilegia y privilegiará el CRITERIO HUMANO y SOCIAL.

Pero no faltaron quienes cuestionaron que la aplicación del biológico comenzó en comunidades y municipios apartados y no en las capitales estatales o sus grandes ciudades.

Se eligieron esos sitios (así lo han explicado numerosas veces las autoridades de Salud), por tratarse de zonas cuya lejanía con los centros hospitalarios que atienden Covid 19 en casos delicados o graves, se incrementaba significativamente el riesgo de muerte en adultos mayores de esos lugares apartados y generalmente marginados, es decir, se impuso la premisa de que vivir en esas comunidades o la pobreza misma NO fuesen sinónimo de muerte o afección grave.

Claro muchos cuyo egoísmo y ruindad no conoce límites, exigían o por lo menos pretendían, se vacunara en las ciudades donde ellos vivían y no en serranías o pueblos olvidados.

Del mismo modo, también miserable y estúpidamente, otros tantos pedían adquirir vacunas a cargo de la iniciativa privada para inocular a sus empleados y sus empresas pudiesen continuar laborando sin restricciones sanitarias y desde luego, hacer jugosos negocios en medio de la mortal pandemia, esto es, veían y ven el proceso de vacunación con CRITERIOS FINANCIEROS exclusivamente.

En resumen, la aplicación del biológico siguió esas directrices, porque eso es lo social, humana y sanitariamente correcto. Aquí no se trata de quién tiene más dinero o influencias para allegarse de vacunas, sea para comerciar con ellas o adquirir inmunidad contra el virus sólo por tener más dinero, es un asunto de humanidad y de la obligación del Estado mexicano para contener la epidemia a partir de políticas públicas orientadas a la colectividad y no a grupos privilegiados; `por supuesto, a quienes por décadas se creyeron desde el poder económico y político dueños del país y los “manda más” les “revienta” tener que formarse y esperar turno como todos. Pero ni modo, ahora se aguantan.

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