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Coronavirus y odio, pestes de México

  • El bicho hace toser al PRI (Fayad), a Morena (Adán) y al PAN (Domínguez)
  • Tiempo de zopilotes, la desinformación y la tregua

 

Bien dicen que en los momen­tos de crisis siempre sale a luz lo peor de las sociedades: el egoísmo, la falta de soli­daridad, la irracionalidad, la inmadurez. En México, a la par del coronavirus, otro bi­cho se ha incubado y se esparce diariamente a través de las redes sociales, se repite en las estaciones de radio y se vende como noticia en las primeras planas de los diarios.

Se trata del virus del odio, un bicho que alimentan todos los días grupos de inte­reses a los que el Presidente ha etiqueta­do como ‘conservadores’ y que esparcen discursos virulentos y parciales intentando ganar una batalla que perdieron en las ur­nas hace más de un año.

Y del otro lado están también los de la ‘iz­quierda’, autonombrados ‘liberales’, que usan la misma pasión irracional para defenderse y atacar sin distingos a todo el que los criti­que, esto por supuesto incluye a periodistas que escudados en la libertad de expresión intentan -algunos- ejercer periodismo y poner bajo la lupa al Gobierno del Presidente Andrés Manuel López Obrador.

El caso es que, de derecha o de izquierda, conservadores o progresistas, a este virus del odio que tanto nos ha envenenado, hoy se le ha sumado otro, mucho más peligro­so para la vida y que no discrimina entre buenos y malos. Igual le elevó la calentura al gobernador priista de Hidalgo Omar Fayad Meneses, que al morenista Adán Augusto López Hernández de Tabasco y así de la misma manera tosen ambos junto a Francisco Domínguez Servién, goberna­dor de Querétaro por el PAN, infectados por el bicho.

Cualquiera diría que hay quienes incluso se relamían a la espera de que fuera cierta la versión de la comida de AMLO con familia­res de El Chapo para sembrar la idea de la protección al narcotráfico, los mismos que en plena emergencia escriben desde co­lumnas políticas que “hoy Andrés Manuel López Obrador es un peligro para la salud pública”.

Sólo basta asomarse a las redes sociales, sintonizar la radio o leer a la prensa para ver cómo las pasiones desbordadas que rayan en odio están ahí, buscando incubar un malestar social que frene o haga fracasar al Presidente. Guerras contra el capitán en medio de una amenaza real. Discusiones para poner en duda su capacidad mientras un virus fragua silenciosamente cómo arrebatarnos la salud, al tiempo que pone al borde del colapso nuestra economía y en peligro millones de empleos.

Hoy esos mismos grupos están prestos a abalanzarse sobre el Presidente y su gobierno y culparlo de no haber medido bien la pandemia, de haber permitido el contagio y si mal nos va, del número de muertos que pudieran juntarse, en vez de eso deberíamos aprovechar este repliegue obligado, esta angustia ante lo incierto y reflexionar si mantener esta crispación permanente de ‘proles’ contra ‘fifís’ dejará algo de bueno.

Hay quienes ven este odio que contagia a las redes sociales como simple pasión, signo de los nuevos tiempos, como un crecimiento de la sociedad que ha dejado de ser apática y hoy está dispuesta a defender sus intereses y a participar.

¿Qué tan ‘avispada’ (acudo al AMLO diccionario) está realmente la sociedad mexicana para transformarse en activista sin caer en la manipulación de grupos con intereses particulares?

 

Qué país seríamos si a los gobiernos electos democráticamente y con un alto nivel de respaldo se les permitiera desplegar sus estrategias y que en tiempos de crisis como la que vivimos ahora mismo (y que nos ha despojado de libertad, rutinas y diversiones) no tuviera que, además de tratar de salvarnos la vida a todos, tener aparte que librar los escollos que sus adversarios políticos pongan en el camino.

Llegará el día en que la pandemia sea historia y ya entonces se verá si este gobierno lo hizo extraordinariamente bien o sobrevivimos a pesar de él, será entonces cuando cada quien, gobierno y oposición serán juzgados, pero en estos tiempos de zozobra, de vida o muerte, el país entero tendría que unir fuerzas, fibra, brío, garras entorno al hombre que democráticamente elegimos para estar al frente del timón, no hacerlo y armar motines a bordo es propio de suicidas a los que no les importa qué país heredarán si regresan al poder tras esta ‘peste’ que amenaza a todos.

El Presidente ha dicho que es temporada de zopilotes, haciendo referencia al libro escrito por Paco Ignacio Taibo II (2009), que lleva ese nombre y que de forma narrativa relata los momentos, anteriores y posteriores, a lo que se conoce como la Decena Trágica, en los que un grupo de traidores a la patria asesinan a Madero y cambian el rumbo del país.

Y hace esa comparación él ve cómo grupos empresariales y políticos lo atacan en medio de la pandemia del coronavirus, cuando en realidad eso no es nada frente al desafío que el propio destino le ha impuesto a AMLO con la pandemia, que lo obliga a demostrar si es el idóneo para timonear la nave entre dos peligros: perder la vida de millones o meter al país en una crisis económica que nos deje otra vez en la calle. Pasar ambos estrechos con el barco casi intacto será digno de reconocimiento en cualquier democracia seria.

 

Es necesaria una tregua real, dejar atrás las diatribas que bajo distintos camuflajes se repiten de forma inquisitiva entre ‘progresistas’ y ‘conservadores’. Parar el odio, olvidarnos de dar sermones en plena pandemia. Seguir haciéndolo sería igual a escuchar al padre Paneloux (aquel personaje traído de la ficción por Albert Camus en La Peste) que al intentar darle un sentido a la plaga dirigía a sus feligreses mensajes de miedo desde el púlpito de su iglesia de Orán al decirles:

  • “Hermanos míos, han caído en desgracia, hermanos míos, lo merecen… ¡Si hoy la peste los afecta, es ha llegado el momento de que reflexionen!”
  • “Los justos no temerán nada, pero los malos tienen razón para temblar… En las inmensas trojes del universo, el azote implacable apaleará el trigo humano, hasta que el grano sea separado de la paja. Habrá más paja que grano, serán más los llamados que los escogidos… ¡Meditad sobre esto y caed de rodillas!”.

 

 

 “Cualquiera puede sostener el timón cuando el mar está en calma”.

PUBLILIO SIRO

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