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Contrato Colectivo, un grave asunto

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Los miembros del más viejo sindicato nacional (el STPRM) son hoy parte de un asunto de seguridad nacional muy complicado. ¿Por qué? Porque el presidente de la república, Andrés Manuel López Obrador, con todo y su buena disposición para conciliar el asunto con ellos, no puede depender de un sindicato que escurre infecciones y en un estado de septicemia generalizada.

UNO: Porque las mafias de las seccione sindicales no aceptan perder la titularidad de ese importante documento que es el Contrato Colectivo de Trabajo. Quieren que esa mafia siga siendo dueña de todo en PEMEX…

DOS: Obviamente, ellos no tienen capacidad para realizar esa limpieza sobre ellos mismos, porque son los que corrompieron todo durante 96 años…

TRES: Es muy apreciado el esfuerzo que hace en estos momentos el ex líder de la sección 48, César Pecero Lozano, qué a pesar de todo, goza de las simpatías del propio presidente López Obrador…

CUATRO: Pero apareció de pronto el Sindicato Nacional de Trabajadores de Petróleos Mexicanos, Empresas Subsidiarias y Filiales, representado por Jorge Enrique Zárate Castillo y vino a complicar todas las situaciones…

CINCO: Para empezar, el sindicato que representa es reluciente y limpio. Mientras al STPRM le escurre la mierda, al SNTPME -SF está despójado de toda suciedad, es un chamaco nuevo que empieza a penetrar como pan en mantequilla en un gremio de trabajadores, todos deseosos de pertenecer a un sindicato donde ya no haya tanta corrupción con mafiosos propiedad de Carlos romero Deschamps…

SEIS: Aquí viene una pregunta muy cabrona: ¿Le gustará al presidente López Obrador que emerja de repente un sindicato que propone un contrato Colectivo de Trabajo bajo nuevas perspectivas?…

SIETE: Los trabajadores petroleros, ¿seguirán siendo leales a su STPRM, sucio y cagado como ellos lo conocen, o preferirán irse a otro sindicato más limpio y sano que vaya de acuerdo a su decente manera de vivir? Por lo pronto, el STPRM tiene una competencia muy directa y muy cabrona…

tabascohoy.com 

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Respuestas a una carta

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Por Héctor Tapia

• Felicitaciones, adhesiones ¿y amenazas?

• El abeto y los leñadores de Tabasco

 

Mi texto «Una carta a tiempo» publicado la semana pasada en este mismo espacio, mereció copiosos mensajes y llamadas de parte de quienes la leyeron.

En su mayoría fueron pala­bras de adhesión y otras más de felicitación por publicar algo que intuyo —por la alta resonancia que percibí— tiene una percepción generalizada sobre nuestro querido Tabasco y su futuro inmediato, en un sexenio que se agotó antes de tiempo y de un gobierno nuevo que ha tenido un arranque lento por las propias circunstancias en las que llegó.

También di acuse de recibo a través de las redes sociales de «mensajes velados», citas en columnas, algunos insultos de «bots» y «trolles» y un coinci­dente recordatorio judicial entregado el lunes en la redacción que llegó el siguiente día hábil después del artículo.

Esta pequeña avalancha de reacciones me hizo reconsiderar volver al tema y hacer nuevas reflexio­nes basadas en las respuestas de uno y otro lado, que enlistaré en tres grandes grupos: las adhesio­nes, las felicitaciones y las indirectas-directas:

  • Las felicitaciones fueron en su mayoría telefó­nicas, casi ninguna llegó por mensaje, algunas fueron valorando el contenido del texto y otras más agradeciendo el valor para dirigirle unas palabras (aunque respetuosas), directas al gobernador en turno sobre nuestras preocupaciones por este nue­vo gobierno. He de decirles que ante estas palabras, más que respaldo, tuve la sensación de convertirme en uno de esos «niños héroes» a los que celebramos cada 13 de septiembre por haberse tirado envuelto en la bandera. Fue como ese golpecito en la espalda que te dan por el «mérito» que los políticamente correctos nunca externarían públicamente.
  • Con los que se adhirieron a mis palabras no sobra­ron los: «estoy totalmente de acuerdo contigo», «eso es lo que el gobernador interino tiene que hacer, le hace falta una agenda», fueron frases de coinciden­cia, aunque lamento que al leer a muchos de ellos, que quienes como yo, tienen la oportunidad de externar una opinión, no lo hacen. Pienso que adhe­rirse a alguien y no reflejar esa posición en la tribuna que se tenga no es muy cabal, más si entendemos que detrás de la carta no ha habido ni habrá ninguna otra intención que la de impedir que el tiempo de nuestro Tabasco se vaya por una cañería.
  • Entre las reacciones «hostiles» hubo una enviada a través de un mensaje de Twitter que decía: «ahí te hablan reportero busca chayote» y que venía acom­pañado de capturas de imágenes de dos tweets del político en auto retiro [aunque en realidad no le han querido dar nada en la 4T y desde esa plataforma tuitera se la pasa defendiendo, haciendo militancia, a ver si le perdonan los negocios que hizo siendo secretario de Gobierno de Núñez, quien por eso decidió removerlo], en ellos @RaulOjedaZ52 decía:

«El proyecto d Andres Manuel en Tabasco tiene un gran aliado en Carlos Manuel Merino q seguirá los lineamientos q impulsó nuestro amigo Adan Augusto ahora Srio d Gobernación. No elucubren porque esa película la repiten siempre para tratar d sacar tajada. Ya hasta candidato tienen»

El tono de mi carta al gobernador Carlos Meri­no no fue un ataque [leer: «Una carta a tiempo», https://bit.ly/3jsytab] nunca tuvo esa intención y fue libre en pensamiento, tal como los nuevos tiempos lo permiten, inspirada en mi preocupación legítima por nuestro estado. Yo voté por Adán Augusto, como miles de tabasqueños, y me siento en derecho ciudadano de ayudar a corregir lo que no me parece que vaya bien.

No hay «hilitos atrás» de mi opinión —como suelen buscar los viejos políticos—. Adelante y detrás de la carta estoy yo y nadie más. Las po­cas veces que he tratado al capitán Merino me ha parecido una persona amable, genuina, buena. Pero todos tenemos que ayudarlo a que gobierne mejor, en ese sentido fue escrito el texto. Creo que hay que procurar la piel un poco más gruesa y distinguir lo que sirve de lo que estorba.

  • El lunes 18 de octubre recibí una notificación del Fiscal General del Estado, Nicolás Bautista, don­de se traslada un asunto familiar que se encuentra en tribunales federales. Curiosamente, aunque no se desahoga el tema de la jurisdicción federal, la Fiscalía sigue moviendo desde su esfera traslados y notificaciones que vienen acompañados de las pala­bras: «CÁRCEL» y «MULTA» así en mayúsculas.

Al respecto, no atribuyo estas notificaciones [suman dos, la otra exactamente después del texto escrito: «Ofrendan Tabasco a la 4T»] a una mala reacción del gobierno en su conjunto, aunque no descarto que algún «queda bien», de esos priistas conversos a Morena, quiera congraciarse agilizando a manera de amenaza el asunto. No sería la primera vez, el mismo tema legal (el único en mi vida) quiso ser utilizado por un jefe de prensa en 2006 como una preocupación que sonó más a amenaza velada. Nunca acudí a sus influencias y a las de nadie para resolver un tema que tiene su curso en tribunales, pero que además en hechos ya ha sido cubierto.

Finalmente quiero externar que estoy consciente de que cuando uno escribe sobre ciertos temas pro­voca reacciones, a favor o en contra —les he comparti­do un resumen de ellas— y sé que todo esto es normal y al contrario de lo que se piense me motiva que así sea, pues es sinónimo de que me leen y lo agradezco. Sin duda el medio en que publico tiene gran influen­cia entre sus lectores y aquí queda demostrado.

Celebro también su libertad.

• • •

Uno no puede saber qué tan mal están las cosas hasta que empeoran. Después de todas las crisis que ha atravesado Tabasco: petrolera, económica, inmobiliaria, agropecuaria, ganadera, de gobiernos saqueadores, del devastador Covid-19, es compli­cado dejar de motivar el pesimismo, eso mismo me hizo recordar aquel cuento de Hans Christian Andersen, «El Abeto» que solíamos leer de niños en Navidad.

«Es la historia de un arbolito, en medio de un espeso bosque, que sueña con crecer y hacerse fuerte igual que sus compañeros. Fantasea con un futuro lleno de sor­presas, de cosas fascinantes y alegrías, al mismo tiempo que se siente desdichado cuando lo talan y extraen del bosque, para ponerle luces y regalos de Navidad, mientras una familia lo marea bailando, cantando y gritando a su alrededor.

Luego, se siente desdichado cuando, acabadas las fiestas, lo arrojan a un sótano inhóspito y lo abandonan durante meses, sin más compañía que un puñado de desagradables ratones.

Después, se siente desdichado cuando llega la primavera y lo sacan al jardín, donde los niños pisotean sus hojas ya amarillentas y su tronco blanquecino. El abeto se pregunta cómo es posible que se acumulen sobre él tantas desgracias.

De repente, el jardinero y un par de ayudantes se abalanzan con sus hachas sobre el árbol caído. Primero cortan lo que queda de sus ramas, luego cortan su tron­co y finalmente arrojan la leña al fuego.

Mientras se consume entre las llamas, el abeto rememora su pasado y piensa en lo feliz que fue, vestido de gala, en aquella alegre fiesta de Navidad; lo cómodo que estaba tumbado en el sótano, acompañado por aquellos simpáticos ratoncitos y lo agradable que era el sol de primavera en el jardín, pese a algún que otro pisotón sin importancia.»

La reflexión es que, aunque las cosas parecen ir bastante mal hoy en nuestro querido estado, como en el mundo por la crisis económica que ha dejado la pandemia, todo puede siempre empeorar, es ese temor a que las cosas no mejoren al paso de los años lo que en el fondo ha motivado «Una carta a tiempo», pues a diferencia de el abeto inerte, dócil a su suerte infeliz, los tabasqueños podemos moldear nuestro futuro, y parte de éste tiene que ver con un buen gobierno que aproveche e impulse oportunidades.

Hoy, cuando gracias a las vacunas se va dominan­do a la pandemia, nuestra economía apenas respira, hay que alentarla, empujar entre todos, no permi­tamos que los leñadores de Andersen hagan leña de nuestro querido Tabasco desalentado.

 

 

 «Lo que hace falta es someter a las circunstancias, no someterse a ellas»

HORACIO

 

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¿Volverá Adán Augusto a jalarle las orejas a Ricardo Monreal?

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Es sábado queridas y queridos lectores, como saben este tecleador se reunirá con las y los amigos, para brindar por ustedes en esta ocasión con jugo de uva añejo de la región de San Antonio de las Minas en Baja California, para contribuir a la cartera de la Senadora priista Claudia Ruiz Massieu, ya que el vino tinto mexicano “Balero”, si el de la botella con etiqueta de arcoíris es propiedad de la sobrina de Carlos Salinas de Gortari.

Seguramente el haber sido Secretaria de Turismo con Peña Nieto, no tuvo nada que ver para impulsar la creación de una propia marca de vino mexicano, el consuelo de esto, es que de perdida se crearon empleos para las y los mexicanos.

Cabe destacar que algunos de mis amigos, invitados a chocar copas de cristal de Baccarat, aseguraron a este tunde-máquinas que ayer (viernes), el Senador Ricardito Monreal, andaba dando patadas de ahogado para acaparar todos los reflectores que le sean posibles, pues en esta ocasión se dijo orgulloso docente de la Maestría en Derecho de la UNAM.

Lo anterior, curiosamente a horas que el Presidente Andrés Manuel López Obrador, haya referido que la corriente de pensamiento neoliberal que impera en algunos pedagogos afecta el futuro de miles de estudiantes, ¿habrá sido una manera del “fouchesco” rebelde Monreal Ávila para contradecirlo?

¡Ah! y lo olvidaba cuando la Jefa Claudia Sheinbaum lleva ganando la batalla contra la delincuencia en la CDMX.

Será que le haga falta, al zacatecano otro jalón de orejas por parte del Secretario de Gobernación, Adán Augusto López Hernández. Pues valdría la pena recordar que esta semana el tabasqueño, tuvo que hablarle en “choco” para que el Senadorsito entendiera que no se manda solo.

Lo interesante de esta historia es que la UNAM a cargo de Enrique Graue afirmó que siempre ha sido respetuosa de las distintas ideologías y corrientes de pensamiento. ¿Alguien le creerá?

 

POST-IT

Aseguran mis colegas en la Facultad de Derecho que los contemporáneos de Ricardo Monreal, dicen nunca haberlo visto por los pasillos de CU tomando clases, en la generación que dice ser.

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