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LILIA PÉREZ LUNA

México

‘Con el Covid sientes que se te desprende el alma del cuerpo’

“Hoy pienso que fue una pesadilla que viví en carne propia, la cual no se la deseo a nadie”.

CDMX. Lilia Pérez Luna tienen 53 años, madre de dos hijas, y traba­ja en el área de mantenimiento en el Colegio de Bachilleres número cuatro ubicado en Culhuacán, al­caldía de Coyoacán.

Con ojos llorosos y sus manos extendidas hacia el cielo, recuer­da que el 25 de junio pasado tocó la campana de la vida, la que está colocada en el Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias (INER), lo cual es ya una tradición para aquellos pacientes que ven­cen al Covid-19.

Durante la entrevista con Gru­po Cantón, Lilia comenta que nun­ca supo dónde se contagió, siempre hizo caso a las recomendaciones sanitarias, tanto en su casa como en la calle y área de trabajo.

Sin embargo, refiere que el 16 de junio sus hijas la llevaron de urgencia al hospital porque le faltaba la respiración, además de tener un dolor intenso en uno de sus pulmones.

“Llevaba días con el dolor en un pulmón, a ratos me daba tos seca, perdía la respiración constante­mente, me fatigaba al caminar por largos tramos, inclusive me movía agachada por el dolor”, expresa.

Recuerda con nostalgia, con llanto, la etapa que vivió, pero afir­ma que hoy se encuentra con otra oportunidad de vivir.

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Afirma que aunque ya está re­cuperada tienen mucho miedo de salir a la calle y volverse a conta­giar, pues lamentó que las perso­nas no sean consientes, pues no se cuidan

 

—¿Qué pasaba por tu mente a la hora de estar en el INER?

Tenía miedo de no regresar a mi casa, de no volver a ver a mi familia, me dolía no haberme despedido de ellos; era un dolor profundo, y eso me angustiaba más.

Pero gracias a la pronta inter­vención de los médicos y enferme­ras y del resto del personal de salud del Instituto estoy saliendo de esta terrible enfermedad, que casi me lleva a la muerte en escasos días.

Hoy pienso que fue una pesadi­lla que viví en carne propia, la cual no se la deseo a nadie.

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Es terrible porque sientes como el alma se desprende de tu cuerpo, y cómo éste se resis­te a dejarte.

Además tu mente también juega, pues tienes pasajes im­portantes de tu vida.

 

—¿Cómo calificas la aten­ción que recibiste por parte del personal médico?

El personal médico es muy hu­mano. Cuando llegué al INER me recibieron pronto y de in­mediato me hicieron la prueba del coronavirus .

A la hora de internarme hubo una cama disponible para mí. Además los medicamentos siempre estuvieron a tiempo, no escatimaron en aportar to­das las herramientas necesarias para mi atención.

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No puedo quejarme, fue una gran atención para que me recu­perara.

Inclusive, las enfermeras me alentaban leyéndome cartas que mis hijas mandaban a través de un correo electrónico; se dan el tiempo para darte este tipo de de­talles que cuando estás moribunda son valiosos.

Ellos se dan el tiempo pese a toda la carga de trabajo que tienen, pues son muchas personas las que llegan enfermas.

Recuerdo que un médico au­torizó dos video llamadas con mis seres queridos, eso mejoraba mi estado de ánimo, el saber que mi familia estaba bien, que me espe­raban en casa.

 

—¿Cómo es tu vida en la actua­lidad?

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Estuve internada del 16 al 25 de junio, más de 10 días, y cuando salí del hospital las indicaciones de los médicos es que permaneciera ais­lada en mi casa por 15 días más y con tanque de oxígeno, ya sin nin­gún riesgo.

Ahora que estoy en mi hogar, mis hijas me ayudan en las com­pras, en mis necesidades.

Confieso que tengo mucho miedo de salir a la calle, que me vuelva a contagiar. Las personas no son consientes, no se cuidan al salir a la calle.

 

—¿Qué consejo le puedes dar a las personas tras sobrevivir al Covid-19?

Que crean que esta enfermedad existe, no es mentira, es real. No le deseo a nadie que pase por lo que yo viví, es algo horrible.

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Pido a las personas se cubran a la hora de salir a la calle, que usen todas las medidas de protección que indican las autoridades de sa­lud, tanto en la calle como en sus casas y áreas de trabajo.

 

—¿Tocaste la campana de la vida?

Una de mis hijas acudió al hospital para llevarme a casa. Pero antes de salir, toqué la campana de la vida, la que representa una nueva opor­tunidad de vivir.

Había médicos alrededor, me aplaudieron por superar el virus del Covid-19; fue algo muy bonito, en el acto se cruzan los sentimien­tos, por una parte recuerdas que estuviste al borde de la muerte, y días después, lo desafiaste.

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