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PADRE ROBERTO SÁNCHEZ CABRERA

Compartí el dolor y el sufrimiento de tener coronavirus

El sacerdote Roberto Sánchez Cabrera, afirma que superó una prueba insólita pero que le dio más fortaleza para comprender a los hermanos.

TABASCO.-  Tras 25 años de sacerdocio, el padre Roberto Sánchez Cabre­ra, enlace de prensa de la Dió­cesis de Tabasco y encargado de la parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe en la ranchería Río Viejo, vivió uno de los retos más difíciles de su vida: vivir en carne propia el sufrimiento de la feligresía por el covid.

Al permanecer internado por al menos seis días en el hos­pital Juan Graham, pudo escu­char los lamentos y los gritos de personas desesperadas, algu­nas incluso ya no querían vivir, porque no soportaban el sufri­miento de esta enfermedad.

El padre Roberto Sánchez, tiene 56 años de edad y fue or­denado sacerdote por el en­tonces obispo de Tabasco, Flo­rencio Olvera Ochoa, el 19 de marzo de 1995 y hoy se dice más sensible para poder apoyar a las ovejas en el momento difícil.

 

—¿Sabe cómo se contagió?

Es difícil saberlo, el corona­virus es un enemigo invisible, yo me cuidé lo más que pude, pero uno nunca sabe, mis sali­das eran muy pocas, solamente iba a la Catedral los domingos, los jueves a la estación de radio y al súper de vez en cuando, mis actividades las hacía de manera interna en la parroquia.

 

—¿Qué síntomas tenía?

Perdí el olfato, tuve fiebre y malestar general, con el cubre­bocas puesto me costaba traba­jo respirar. Cuando fui al médi­co me dijo necesitamos hacerte un estudio más fuerte, te vas a ir al Juan Graham y te vas a hacer una tomografía y vamos a che­car tus pulmones, y resultó que mis pulmones estaban muy mal y en ese mismo momento me di­jeron ya no te vas a ir.

 

—¿Cuántos días tardó internado?

Estuve hospitalizado seis días, evolucioné gracias a Dios muy bien, mi organismo reac­cionó y respondió muy bien.

Dicho sea de paso, todo mundo sataniza al hospital, dicen que ir al hospital sig­nifica muerte y no es cierto, si vas a tiempo al hospital tu organismo reacciona de me­jor manera, si ya llegas fuera de tiempo las cosas pueden complicarse.

 

—¿Cómo fue su estancia?

La primera noche fue te­rrible, no por mala atención, sino que uno oye los gritos de personas desesperadas, que incluso ya no quieren vivir porque no soportan el dolor, el sufrimiento de esta enfermedad y fui testigo de personas a las que llegaban a intubar al lado mío, todas esas situaciones te impactan. En el hospital nunca es de no­che, todo el tiempo es de día, nunca se apagan las luces, duermes muy poco, la misma situación, el mismo ambiente no te deja conciliar el sueño.

 

—¿Qué es lo más difícil de esta enfermedad?

Cuando eres una persona ac­tiva, productiva, lo más difícil de todo esto es la impotencia de no poder hacer nada, esto te paraliza en todo, el encierro el estar lejos de la familia, es una etapa muy dura, llega también la angustia y hasta cierto punto hay miedo de lo que puede pa­sar, el pensar si volverás a ver a tus familiares o amigos.

 

—¿Cómo superó la enfermedad?

Desde que iba al hospital me fui pensando Padre estoy en tus manos, haz de mí lo que quieras y eso me ayudó mucho a afron­tar ese momento, ya estando internado me puse todavía más en las manos de Dios y me em­pezaron a atender.

Lo que yo hice en el hospital fue dedicarme a orar y rezar, a contemplar a Jesús y a contem­plar a mis hermanos enfermos, desde ahí pedía por todos los que estaban conmigo afrontan­do la enfermedad y bueno al pa­sar de los días fui evolucionan­do muy bien gracias a Dios.

 

—¿Está ha sido la prueba más difícil?

Creo que sí, es una de las más difíciles, es algo insólito.En el plano del discernimiento uno tiene que entender que no hay que cuestionar la voluntad de Dios, una de las peores cosas que puede hacer uno es quejar­se, hay que pedirle a Dios que nos ayude a aceptar y superar la enfermedad.

 

—¿Qué mensaje dejar a los feligreses?

Decirles que he compartido con ellos el dolor y el sufrimien­to, que lo que ustedes están pa­sando a mí también me pasó, no soy ajeno y creo que el que me haya pasado me ha hecho más sensible, más cercano y más fuerte para poder apoyar a las ovejas en el momento difícil.