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Comando ejecuta a petroleros; sus horas estaban contadas

Uno de ellos trabajaba en el área de Transportación. Compañeros de trabajo revelan que los dos abatidos alardeaban de ser intocables.

(Foto: Especial)

MINATITLÁN, Veracruz.- Los dos petroleros le preguntaron a Gabriel dónde podían seguir la fiesta, los tres acababan de salir de un convivio laboral en la colo­nia Obrera, pero querían seguir «cheleando». Sus horas estaban contadas, aunque no lo sabían.

Gabriel propuso ir al restau­rante El patio trasero, donde se podía comer y beber sin ningún problema. Además, estaba a unas cuantas calles de donde estaban.

Félix «N» y Francisco «N» aceptaron caminar unos metros hasta alcanzar la esquina de Ju­ventino Rosas y Altamirano. Ga­briel señaló el local con su cabeza y el trío entró, dejando atrás la calle semivacía y unas matas de plátano sembradas en la banque­ta, que apenas si se movían.

Félix se desempeñaba en el Área de Transportación, y Fran­cisco donde lo requirieran, am­bos en la paraestatal Petróleos Mexicanos.

De hecho, el par llevaba toda­vía el uniforme de trabajo: uno, su overol gris, y el otro el pantalón y la camisa arremangada caqui.

Todas las mesas estaban va­cían, pero Gabriel fue quien eli­gió donde se sentarían. Félix y Francisco ni se dieron cuenta, venían platicando de un negocio que tenían entre manos.

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Como Francisco y Félix alar­deaban en su trabajo de andar por el mal camino, y se jactaban de estar protegidos, la mayoría de sus compañeros no se metían con ellos, y de ser posible, los evi­taban. Nadie quería tener proble­mas con ellos.

En El patio trasero, los tres amigos se sintieron a sus anchas, bebieron un par de rondas y repi­tieron la botana, antes de pedir la carta.

 

IBAN POR ELLOS

Ni siquiera eran las ocho de la noche. Francisco estaba viendo el menú, y no se dio cuenta que por la entrada se dejó venir un comando armado hacia la mesa donde estaban. Cuando levantó los ojos, vio a un grupo de hom­bres alrededor de la mesa, apun­tando con sus armas.

Félix estaba de espalda a la puerta, así que nunca vio cuando los hombres entraron al local y le apuntaron.

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Gabriel, que estaba sentado exactamente en dirección a la entrada, los vio entrar, pero no dijo nada. Ni siquiera cuando les apuntaron.

El comando armado apenas lo tuvo enfrente comenzó a dis­pararles. Fue una operación que duró menos de un minuto. Como llegaron, se esfumaron.

Sorprendidos, los dueños de El patio trasero auxilian a los he­ridos y llaman al 911. Los paramé­dicos arriban al lugar y checan los signos vitales de las víctimas, ti­radas en el piso. Francisco murió al instante. Su amigo, Félix, mor­talmente herido, respira y recibe los primeros auxilios. Unos mi­nutos después de entrar a la clí­nica del IMSS, falleció también. De los tres, el único sobrevivien­te es Gabriel, quien solo presentó heridas leves.

Agentes estatales acordona­ron El patio trasero para recabar pruebas que lleven al paradero de los sicarios asesinos. Fuentes de la policía revelaron que el caso podría estar relacionado con ven­ta ilegal de combustible.

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