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Agua y Pantano

Cinco sexenios de militarización

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LA GUARDIA NACIONAL NO ES NI HA SIDO UN CUERPO DE SEGURIDAD CIVIL. Y SI, COMO SE PRETENDE, SE PASA AHORA A LA SEDENA, NADA CAMBIA…

Contra lo que pudiera pensarse, el proceso de militarización de la seguridad pública en México no comenzó en el sexenio de Felipe Calderón sino en el de Ernesto Zedillo.

Es decir, si nos atenemos a la narrativa del régimen en el poder gubernamental, podría afirmarse que la militarización fue prohijada en el periodo neoliberal.

Lo que quizá nadie entiende es que haya sido el actual, el primer gobierno definido de izquierda o progresista, el que hiciera de la militarización una política de estado para combatir la delincuencia y criminalidad.

El Ejército, la Marina y la Fuerza Aérea son instituciones creadas para defender la integridad de la nación frente amenazas extranjeras y preservar la seguridad nacional, por lo cual su personal tiene una formación fundamentalmente bélica, esto es, su misión es estar listos para la guerra.

En 1996, sin embargo, y en medio de los cambios globales que comprometían la seguridad interior, el gobierno de Zedillo decidió incorporar a la Sedena y a la Armada de México al Sistema Nacional de Seguridad Pública.

Por esos años y como consecuencia del levantamiento armado en Chiapas, los asesinaros políticos, el crecimiento del narcotráfico y del negocio ilícito de armas, los militares fueron expandiendo su presencia y participación en tareas de seguridad en todas las regiones del país.

Un grupo de 167 legisladores, de acuerdo con una investigación de Manuel Rosado para el Centro de Estudios Constitucionales de la SCJN, promovió la acción de inconstitucionalidad 1/96.

Alegaban que la participación del Ejército y la Marina en labores de seguridad pública violaba el artículo 129 constitucional, que señala que en tiempos de paz los cuerpos castrenses solo pueden desarrollar actividades conexas a la disciplina militar.

Sin embargo, la Corte resolvió que sí podían participar en estas funciones, bajo petición expresa de las autoridades civiles y siempre y cuando estuvieran bajo el mando de aquellas.

En 2000 se inauguró el período de la alternancia; Fox creó la Policía Federal Preventiva y echó mano de las fuerzas armadas para conformarla. Y con Calderón comenzó una serie de cambios de nombre, de funciones, de adscripciones de esta institución de seguridad civil, que siempre se dijo se buscaba profesionalizar y robustecer para regresar a los militares a sus cuarteles.

A contracorriente, en 2019 se extinguió la PF y se eliminó de tajo esa promesa política. Hoy la seguridad pública en el ámbito federal está completamente militarizada.

La Guardia Nacional no es ni ha sido un cuerpo de seguridad civil. Y si, como se pretende, se pasa ahora a la Sedena, nada cambia, porque en esencia es una institución que desde su creación ha estado supeditada a mandos castrenses, contradiciendo claramente el mandato de la ley suprema de nuestro país.

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