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Opinión

Ciencia y los megaproyectos del Sureste

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Invertir en ciencia, tecnología e innovación es fundamental para el desarrollo económico y el progreso social. Esta inversión genera beneficios sociales y económicos, impulsa el crecimiento del PIB e incrementa la productividad, por lo que el impacto es directo en el desempeño económico y en los niveles de vida de la población.

Del último informe de la UNESCO sobre la Ciencia 2021, México reporta solo un gasto del 0.4% del PIB en investigación y desarrollo, y cuenta con menos de 200 investigadores por millón de habitantes, colocándose así entre los países que menos invierten. Estados Unidos, Corea y Japón son los primeros, con más del 4.0% de su PIB y más de 5,000 investigadores por millón de habitantes.

Consecuentemente, en el reporte de Indicadores Mundiales de Propiedad Intelectual 2020, México ocupa el lugar 38 en nuevos diseños registrados y el 31 en solicitudes de patentes. Definidas éstas como derecho exclusivo sobre la invención de un nuevo producto o proceso. Se delata así, una clara dependencia científica y tecnológica de nuestro país ante aquellos del primer mundo y, tristemente, hasta de países con economías emergentes como la nuestra.

México tiene talento y capital humano en la ciencia, la investigación y el desarrollo tecnológico para impulsar el desarrollo económico en beneficio de la población, pero la falta de financiamiento y de apoyos limitan que ésta se realice de manera masiva y eficiente. Y lamentablemente, el Sur-Sureste es la región con menos inversión en desarrollo científico y tecnológico, aunado a sus escasos nichos, programas y oportunidades para estimular y potenciar la innovación, aún cuando en estas entidades hoy se invierte en grandes proyectos nacionales, y se cuente con importantes reservas de agua, biodiversidad, energías, capital humano y atractivas zonas turísticas naturales.

La Refinería Olmeca, el Tren Maya y el Corredor Transoceánico representan una oportunidad única e histórica para el sureste mexicano, permitiría innovar en áreas científicas y tecnológicas a niveles acelerados, desarrollando nuevos productos y servicios especializados, así como la creación de empleos mejor remunerados, impulsando el mercado interno y el crecimiento económico.

Para ello es necesario y apremiante impulsar una gestión eficiente y una mayor inversión para desplegar un número importante de centros de investigación y parques científicos, administrados por especialistas, reuniendo a investigadores, empresas privadas y organismos públicos que fomenten y promuevan la innovación, las incubadoras tecnológicas y la formación de recursos humanos de alto nivel.

El desarrollo científico junto a los megaproyectos del sureste, no es solo un camino para avanzar hacia la independencia científica y tecnológica, sino también para romper con las asimetrías económicas, sociales y culturales entre el norte y el sur de nuestro país.

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