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Director Miguel Cantón Zetina

Chacales asesinan a una muchachita en Huimanguillo

La terrible tragedia se registró en el poblado de Ocuapan, Huimanguillo, habitantes exigen justicia, que no quede impune este delito.

HUIMANGUILLO, TABASCO.- Cuando la madre de Pau tenía lis­ta la comida y su hermano estaba a punto de sentarse a la mesa, mi­raron la hora que era: Ya pasaba de las tres de la tarde y su hija aún no llegaba. La madre pidió a su hijo que la acompañara para ver qué sucedía. Probablemente se había quedado a trabajar más tiempo para cubrir alguna ausencia.

Pau tenía 14 años e iba en se­gundo grado de secundaria. Como no había clases físicas, la mucha­cha había conseguido un trabajo en el centro de Ocuapan, sector Lagunilla. Por las mañanas, la muchachita tomaba su bicicleta marca Chopper y pedaleaba hasta el local, donde empezaba su jor­nada de ocho de la mañana a tres de la tarde. Cuando salía de su empleo, se despedía rápidamente de sus compañeras y compañeros de trabajo, su bici la dejaba afuera bien asegurada, frente a la escuela primaria, entonces se montaba en ella para salir disparada a su casa, de nuevo pedalear la ponía feliz y a veces tatareaba su canción favorita hasta alcanzar su casa, donde ya la estaban esperando su madre y su hermano con la mesa servida.

 

ULTRAJADA Y GOLPEADA

En la tienda, los compañeros de Pau le informaron a la señora que la muchacha había salido a su hora. Otro más dijo que la chica se había ido montada en su chopper. Al oír aquello, a la señora se le encogió el corazón. Por primera vez sintió una angustia terrible.

Por sugerencia del hermano, volvieron a la casa, pensando que tal vez Pau hubiera tomado otro camino para llegar a su casa.

La mamá de Pau empezó a im­plorar al cielo para que su niña es­tuviera ya en casa, esperándolos a ellos para la comida. Fue el herma­no de Pau que sintió un escalofrío en su cuerpo al ver en un terreno baldío lo que parecía ser el manu­brio de una bicicleta, sobresalien­do entre la hierba. No dijo nada y cruzó la alambrada, internándose en el lote solitario. Su madre se paró en seco. Trataba de compren­der qué sucedía. El muchacho se quedó estupefacto. Sobre la hierba, tendida, con el vestido desgarrado y golpes en la cabeza y el cuerpo estaba su hermani­ta. La bicicleta estaba junto a su cuerpo. Una libretita, un celular y su cargador es­taban regados a unos metros. Cuando la madre lo alcanzó, co­menzó a gritar y llorar de desespe­ración. «¡Hijita mía!, ¡hijita mía!… ¿Por qué?, ¿por qué?», gritaba. Los vecinos salieron al oír los gritos y alcanzaron a la madre y al hijo en el descampado. Algunas mujeres sin contener las lágrimas abrazaron a la madre de Pau. «¿Qué chacal, qué hiena pudo haber cometido seme­jante infamia?», se cuestionaban los hombres de la comunidad. Na­die podía creer lo que veía.