Síguenos

¿Qué estás buscando?

Columnistas

Carta a mis hijos

Primero que nada, hijos, quiero decirles que el tiempo no es marcado por calendarios, sino por grandes acontecimientos que cambian al mundo… Son las guerras, ataques terroristas, pandemias o descubrimientos los que deciden el fin o el inicio de una era.  Para mí, el siglo XX terminó el 11 de septiembre de 2001, con el ataque a las Torres Gemelas, y el XXI se inició con la gran revolución digital que detonó el Coronavirus, a golpes de arrinconar a todas las civilizaciones, incluyendo a las de economías poderosas.

El siglo XXI inició formalmente el 1 de enero de 2020, cuando el SARS-coV-2 se apoderó del planeta e inició una era de deformaciones biológicas que hace pensar que el futuro será más peligroso y que eso que llamamos hogares podrían convertirse en búnkers donde refugiarnos, tratando de salvar la existencia.

La vida que les heredo, no es ni lo más cercana a lo que yo viví en mi infancia, disfrutando del aire fresco, la libertad de jugar arriba de los árboles, de patear pelotas en la calle o de reunirme con la palomilla. Nunca fui bueno para el trompo ni las canicas, menos el balero. Pero a mi modo, los jugué todos y los disfruté.

Les pido perdón porque el mundo, el estado que les heredaré, no se parece en nada a lo que yo y miles de tabasqueños vivimos en nuestra niñez y adolescencia. Hoy ustedes se ven obligados a subsistir encerrados. Dar un paso en la calle solo es peligroso, existe demasiada maldad afuera, la vía pública es insegura.

Me dirijo a ustedes, hijos míos, porque observo que a lo largo de mis 45 años, no contribuí —o lo he hecho de forma muy escasa— a que su futuro fuera, sino mejor que el que yo tuve, sí más seguro y libre, con oportunidades para desarrollar actividades físicas y conocimiento de mayor calidad, y no verlos enfrascados en esos celulares que no me dejan comprender qué tipo de hombre y mujere los hará en el futuro.

He fallado como ciudadano, como emprendedor, como un hombre de mayor conciencia por el futuro. No supe organizarme con otros tabasqueños para que, juntos, promoviéramos cambios con visión de futuro. Mi participación ciudadana ha sido mínima y sólo cumplí acudiendo a votar —una manera de descansar los problemas de nuestro estado en otras personas, creyendo que ellas los resolverían.

Hago memoria, hijos, y pienso que al menos las primeras 10 veces que acudí a votar lo hice de forma ingenua, creyendo que alguien más podría hacer lo que en realidad es tarea de una sociedad completa y no de un par de oportunistas que cada año prometen resolver los problemas y sólo llegan a servirse.

 

«Nunca se da tanto como cuando se dan esperanzas»

ANATOLE FRANCE

 

Las siguientes 10 elecciones voté para echar al PRI del poder porque tenía la férrea creencia de que ese partido era el culpable de las peores rapacidades cometidas contra el estado y que ese brutal saqueo no permitió el crecimiento económico, ni el desarrollo social de Tabasco, al contrario favoreció la desigualdad y la ruina de los sectores productivos, que orilló a miles de jóvenes hacia la delincuencia, encontrando en el robo, narcotráfico, extorsión, secuestro y el huachicol, «formas de vida fácil». Pero ¿qué nos llevó hasta dónde estamos? ¿Y qué no deben repetir ustedes, Pame, Caro y Héctor?

III

Como suelen decir los cocineros, «Tabasco se cuece aparte» y así ha sido desde siempre, incluso desde antes que yo naciera, no por nada a mediados del siglo pasado, la entidad fue como un «laboratorio de la Revolución» en México por el General Lázaro Cárdenas.

Nada más cerca de la verdad, Tabasco se convirtió en un centro de pruebas de políticas públicas creadas desde el centro del país. Así nos recetaron en los 60 un Plan Limon como la solución a las inundaciones que ha sufrido el estado. Todo estaba bien planeado: Primero unas presas sobre el Grijalva para evitar inundaciones, después derribar 80 mil hectáreas de selva en La Chontalpa para sembrar los pilares de lo que sería el granero de México.

Años después los inventarios petroleros nos colocaron en el cuerno de la abundancia, solo que con malos administradores que nunca entendieron que los beneficios del «oro negro» debían llegar a todos los rincones del estado. En particular a las comunidades donde se le extrae, las cuales han recibido los impactos ambientales y sociales… y hasta los golpes de los granaderos con todo y gases lacrimógenos, por protestar contra los abusos de las petroleras.

Poca ayuda económica A cuatro décadas de ese «boom petrolero», las migajas de los hidrocarburos se entregan en Plaza de Armas en beneficio de una población urbana que no han tenido un pozo petrolero en el patio de su casa.

Y ese ha sido en resumen el cuento político de Tabasco, con historias plagadas de corrupción, gobierno estatal y municipales que se convirtieron en fábrica sexenal de nuevos ricos que manejaron los presupuestos públicos a su antojo, como si gobernar fuera el permiso que las urnas les dieron para saquear.

III

Pero miren hijos, las cosas no tienen que ser así por siempre, todo es cultural, es un tema que podríamos llamar «ranchero» o «criollo»: las familias poderosas de Tabasco —políticos y empresarios— se han hecho a la idea que el Gobierno de Tabasco (cargos públicos y todo lo licitable o concesionable— es su gallina de los huevos de oro y se han dedicado a explotarla. Ahí tenemos como ejemplo al «Químico» Andrés Granier, un auténtico bandolero que incluso pisó la cárcel por seis años y hoy lo intentan transformar en un respetable político, víctima de persecución.

A él le vinieron las inundaciones del 2007-2011 como «anillo al dedo», pues, como buen alquimista supo convertir aquellas aguas en dinero. Salió por la puerta de atrás de la Quinta Grijalva en medio de reclamos y llevándose miles de millones de pesos y dejando al estado una severa crisis económica y principalmente hospitalaria.

Hoy ese «político-bandolero» impulsa a su hijo Fabián Granier para ser diputado local y así seguirlo llevando hasta que llegue a una alcaldía y si se logra colar de nuevo tomar la gubernatura. Eso, hijos, es lo qué hay que combatir, para que estas condiciones que como ciudadano les heredo se resuelvan con un cambio cultural. Que esos políticos tramposos dejen de enseñar sus viejas prácticas a sus nuevas generaciones.

Que esos empresarios que encontraron el camino para hacerse ricos con el gobierno le enseñen a sus hijos (en un acto de moralidad y ética) a que las leyes y las reglas se hicieron para respetarse, que la ley debe dejar de ser un instrumento político y que se deben castigar todos los actos de corrupción.

Sí, sé que sueño, hijos, que lo que digo ya no es nada nuevo, pero ahí es donde entran ustedes, las nuevas generaciones, los que en un futuro serán parte activa de esta sociedad. En ustedes (yo prometo seguir haciendo mi parte) deposito la confianza en que su preparación no sólo será académica, sino ética, moral y profesional.

También tienen que ejercitar muy bien la memoria, leer y releer la historia reciente, para que no olviden que la desmemoria ha sido parte de nuestra desgracia y es la que ha permitido que «políticos-bribones» nos asalten y años más tarde nos vuelvan a robar. Es importante hijos, que entiendan que los partidos políticos no sirven para absolutamente nada, que antes PRI, después PRD y hoy Morena, son la misma cosa, que muchos de aquellos que antes fueron «priístas» hoy se sienten puros y limpios «morenistas» que promueven en el discurso el combate a la corrupción, pero la practican igual o peor que siempre.

Que la única solución que veo para que el futuro de nuestro querido Tabasco en el 2021 y más allá de esa fecha —año electoral intermedio— es que más jóvenes honestos, conscientes de un cambio real y formados en una nueva escuela, se involucren en la política ciudadana; hoy es casi imposible lograr una candidatura fuera de esas estructuras corruptas, pero no hay que dejar de empujar.

Esta «Carta a mis hijos» es un grito en el desierto, un humilde intento de despertar consciencia, de pensar en voz alta, de darnos cuenta que los políticos han fracasado y entregado malas cuentas. El futuro depende de lo que hagamos los ciudadanos ahora. Participar, denunciar, dejar atrás la apatía.

¡Bienvenido, 2021!

 

 

TWITTER: @HECTORTAPIA_
@ELTABASQUENOMX
Comentarios: [email protected]

Te puede interesar

Columnistas

Columnistas

Advertisement