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Caprichos faraónicos

Después de dos meses de haber iniciado la contingencia sanitaria por el coronavirus en nuestro país, estoy convencida que esta “nueva normalidad” a la cual regresaremos no tendrá nada de normal; por la incapacidad que hemos tenido para legislar un paquete integral de medidas destinadas hacia el sector salud y a las micro, pequeñas y medianas empresas (MiPyMes). En este difícil contexto, salta la duda una y otra vez, ¿los caprichos faraónicos del Presidente deben postergarse?

Con caprichos faraónicos me refiero a los tres proyectos de infraestructura insignia de este Gobierno que hasta la fecha, no han podido demostrar su viabilidad ni rentabilidad técnica, operativa, ambiental o financiera.

No podemos olvidar que cuando inició esta contingencia, el Gobierno Federal emitió un decreto con el que estableció que todas las empresas relacionadas con la construcción de la Refinería de Dos Bocas, el Aeropuerto de Santa Lucía y el Tren Maya debían continuar sus actividades, pese al riesgo sanitario que significaba. Esto fue una señal de que a nuestras autoridades les importa más dejar elefantes blancos y monumentos a la #TransparenciaColorChapopote que salvar vidas. El presupuesto anual 2020 para estas obras fue de 48 mil millones de pesos (mdp), pero en el informe del primer trimestre de Hacienda revelan, que de forma unilateral ya lo habían modificado a casi 75 mil mdp. Este dinero es el equivalente a haber construido 80 hospitales de primer nivel, o se hubieran podido apoyar a las millones de MiPyMes que han perdido sus fuentes de ingreso. A guisa de ejemplo, el Gobierno pudo haber facilitado el acceso al financiamiento para las empresas, como se hizo en Alemania, Estados Unidos o Canadá, o bien, se pudo haber habilitado un seguro de desempleo como pasó en Chile o Colombia. Ahora, no por que el Gobierno no haya tomado estas medidas, significa que ya no son necesarias. Al contrario, será imposible arrancar una “nueva normalidad” sin un paquete económico integral que proteja los empleos y la economía familiar. Mi más grande anhelo es que esta “nueva normalidad” sea una nueva oportunidad para que el Gobierno de México retome dos grandes premisas del quehacer público que han desatendido: la eficiencia y la transparencia.

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