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Tabasco

Cambian infancia por trabajo diario para sobrevivir

Uriel y Yessica de 8 y 6 años, perdieron todo en la inundación; ahora trabajan con su abuelo en la pepena de cosas.

TABASCO.- Apreciar el valor de las cosas que se tienen, nace desde vivir en carne propia las necesida­des, que por muy pequeñas que parezcan, no dejan de ser parte indispensable del ser humano.

Uriel de Jesús y Yessica Gua­dalupe Hernández Muñoz, de 8 y 6 años, son unos niños ha­bitantes de la ranchería Monal primera sección, la vida los ha puesto en una difícil situación, su casa se anegó completamen­te causando que perdieran lo poco que tenían, y con ello au­mentó su pobreza.

 

PASANDO HAMBRE

Se quedaron junto a su familia en su casa, pues les era com­pletamente difícil salir a algún albergue temporal, lo poco que tenían en su despensa, hecha días previos a las inundaciones, les sirvió para alimentarse lo necesario. Al no ser mucho, te­nían que comer solamente una vez al día.

Actualmente el agua en su casa desapareció, pero lo que no desparece son sus necesida­des, tienen que sobrevivir con lo poco que logran ganar de la ven­ta de chatarra y fierro viejo que recolectan de las basuras amon­tonadas en las calles y patios de sus vecinos.

 

 

LABOR CONJUNTA

Viven con sus abuelos el señor Francisco Hernández Bolainas y la señora Mariana del Car­men de la Cruz Reyes. Al ver la necesidad que hay en su hogar, juntos a pesar de su infancia, aportan su trabajo diario para poder llevar un plato de comida a su hogar.

“Mis nietos me apoyan en lo que pueden, es que hay necesi­dad y tienen que salir conmigo a buscar lo que vamos a vender para poder comer”, dijo el señor Francisco.

Lamentablemente, ellos por el momento no cuentan con los recursos para poder tomar sus clases de manera virtual, aun­que lo deseen con todas las ga­nas, las ciscuntancias en las que están no se los permiten.

Pero no por eso los dos infantes se lamentan, por el contra­rio, todos los días se muestran ansiosos de poder contribuir para su familia y se alistan desde temprano para salir a ganarse el pan diario trabajando junto con su abuelo en la recolección de cosas que puedan servir para vender.

Mientras otros niños están en sus casas jugando, ellos están en las calles buscando entre la basura algo para vender, mien­tras otros niños pelean con sus padres porque la comida que se les sirvió en sus mesas no es de su agrado, ellos agradecen por el plato de frijoles que podrán comer ese día.

Andan con una sonrisa de agradecimiento, reflejo de la buena eduación que les están dando sus abuelos a pesar de su humildad.

Se comportan amables con todos, siempre dispuestos a apoyar a los demás, compar­tiendo lo poco que tienen, pero para ellos es suficente y no exhi­gen más. “Le doy gracias a Dios porque mis nietos comprenden la situación de que uno por más que quiera darles todo, pues no puede, lo importante ahora es que están bien”, comentó don Francisco. TH

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