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Opinión

Callar mujeres es privilegio de hombres

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Gudelia Delgado Meza

Del 6 al 8 de julio, se realizó el VII Congreso Latinoamericano y Caribeño sobre Trata de Personas y Tráfico de Migrantes: Capitalismo y Patriarcado, en la Cámara de Diputados de México.

En este marco, la primera Conferencia Magistral fue disertada por la téorica e investigadora feminista española Rosa Cobo, quien destacó, entre otras conclusiones, que la prostitución es una institución del sistema patriarcal; la trata es un mecanismo fundamental de abastecimiento de la prostitución; la prostitución ocupa el tercer lugar mundial de los mercados ilícitos de acumulación de capital y es una inagotable fuente de violencia contra las mujeres.

Después de estas tesis reveladoras, un hombre “autopercibido mujer”, que ocupa una curul en la Cámara de Diputados, vocifera en el auditorio: “¡El trabajo sexual es trabajo!” y pide callar a la activista feminista argentina, sobreviviente de trata con fines de explotación sexual y defensora del abolicionismo de la prostitución, Sonia Sánchez.

Con estridencia, el hombre añade: “¡Esto es un discurso de odio, es criminalizar a las compañeras!”, a lo que Sonia Sánchez responde: “Tu discurso es criminalizar. Todas vamos a morir putas por tu discurso, y las mujeres nacimos para ser libres, no putas ni traficadas”. El hombre, más iracundo aún, continúa: “¡Trabajo sexual es trabajo!”, Sonia afirma: “¿Chupar penes es un trabajo?, ¡es violencia!”. En el podium, una mujer pide guardar la calma y respetar el recinto. Colérico, el hombre camina hacia ella gritando: “¡Maldita terfa excluyente!”. El video completo puede verse en https://www.youtube.com/watch?v=tDZj1OK7O-k

El violento proceder de esta persona del sexo masculino, precisamente en un evento que visibiliza la violencia que padecen las mujeres víctimas de explotación sexual, da cuenta de la permisividad institucional y la apatía social con que la violencia machista nace, crece, se reproduce y se mantiene impune.

Quizá otra persona con un comportamiento similar hubiera sido denunciada y sancionada por alguna autoridad encargada de garantizar a las mujeres espacios libres de violencia, motivada aunque sea por la corrección política. No fue así. Al amparo del privilegio del que gozan los hombres que se “convierten” en mujeres por el solo hecho de desearlo y decirlo, las autoridades callan y son cómplices.

Colmada de impotencia y desazón, ofrezco mis palabras, mi ira, mi vergüenza y sororidad a Sonia Sánchez y a todas las mujeres que hemos sido víctimas de violencia patriarcal y encima se nos calla, persigue e intenta cancelar. Es una lacerante ironía que, en 2007, en su libro “Ninguna mujer nace para puta”, Sonia escribiera: “Este libro es para mí una forma muy concreta de tener voz propia y no permitir que nunca más me la arrebaten bajo ningún pretexto. Las putas hemos puesto el cuerpo siempre para sobrevivir y luchar, pero nunca la palabra.”

Discúlpame, Sonia, por habitar en un país donde públicamente se permite a un hombre callarte. Estoy contigo. ¡Hasta el abolicionismo, siempre!

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