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Hoy domingo, al celebrar al Señor en familia, se proclama el Evange­lio según san Juan 14, 15-21, en este pasaje, Jesús nos hace una prome­sa, nos dice: “No los dejaré desam­parados, dentro de poco, el mundo no me verá más, pero ustedes sí me verán, porque yo permanezco vivo y ustedes también vivirán”. Real­mente, ¡cuánta necesidad tenemos de su presencia!, si Él nos falta, le te­nemos que decir como le dijo San Pe­dro: “Señor, ¿a quién iremos? Solo tú tienes palabras de vida eterna”; espe­cialmente en esta situación en la que nos encontramos, tenemos necesi­dad de ti, nos haces mucha falta.

La tragedia de la enfermedad, aunque nos desequilibra la vida en muchos aspectos, pero, por la pre­sencia y la acción del Espíritu San­to la tenemos que aprovechar para unirnos a todos, creyentes y no cre­yentes, para llegar a tener un solo corazón y una sola alma. Cuidemos todos ahora la unidad de nuestra fa­milia, que ni la incomodidad por es­tar encerrados, ni la escasez, ni las diferencias, divida el hogar, a los es­posos, a los hijos.

“Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?”.

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