web analytics
Síguenos

¿Qué estás buscando?

Columnistas

Atreverse a clamar al cielo

Para muchas personas abrirse a Dios en la oración en este momento tan difícil, puede resultar relativamente fácil y natural, sobre todo cuando se trata de familias que han tenido la oportunidad de ser formados en un ambiente religioso, cualquiera que sea su denominación. Sin embargo, no es el caso de otras tantas que, en su historia personal y familiar no han tenido esta posibilidad y hoy, sobre todo, se hace patente la necesidad de tener una respiración espiritual que nos ayude a encontrar el descanso interior, la paz y la esperanza.

En el intento de hacerlo, está de por medio la idea o imagen de Dios que nos hayamos formado. Por ejemplo, una persona que en su más pequeña infancia le dijeron que Dios únicamente amaba y cuidaba a los que se portaban bien, tendrá serias dificultades para atreverse a orar a Dios porque en muchos momentos de su vida ha cometido errores y pecados o se ha mantenido lejano de la fe en el Señor, puede ser que de antemano se sienta perdido y rechazado. Otras personas pudieran tener una imagen o idea de un dios militar o guardia que está esperando el momento en que nos portamos mal para castigarnos o también de un dios rígido e implacable que nos juzga sin misericordia. Para otros también un dios parecido a un comerciante con el que se puede regatear. Una idea falsa de Dios podría ser un serio obstáculo para que una mujer u hombre aprovechara el valioso recurso de la oración. Algunos llegan a decir que no hay ateos, sino más bien hombres o mujeres que se formaron una falsa imagen de Dios.

Dice el Evangelio de San Juan 1, 18 que “a Dios nadie lo ha visto jamás, el Hijo único que estaba en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer”. Los Evangelios son un verdadero retrato en donde su mismo Hijo Jesús nos presenta la idea o imagen perfecta de Dios. Lo primero que descubrimos es que es un Padre, ese es su nombre, con una paternidad que supera infinitamente toda paternidad humana porque Él nos ha amado primero y a su amor por nosotros no lo disminuye ni el más grande de nuestro pecado, es rico en misericordia y en perdón; hace salir el sol sobre buenos y malos, no es rencoroso ni vengativo. A nuestro Dios le gusta que le oremos con insistencia y sabe dar cosas buenas a sus hijos.

Te puede interesar