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Darinel es oriundo de Cunduacán.

Chiapas

Arrebata auto y cae en retén

Darinel llevaba el Mazda a vender a los Altos de Chiapas; es oriundo de Cunduacán.

PICHUCALCO, CHiapas.- Doña Elvia aminoró la velocidad de su auto Madza blanco al acercarse a unos topes, circulaba tranquila­mente por una de las calles de la estación Suspiro. Apenas pasa­ron las llantas delanteras, cuando un hombre joven se acercó a la unidad y por la ventana le apuntó a la cabeza con una pistola.

Todo pasó en segundos. Doña Elvia fue bajada de la unidad y se quedó en medio de la calle mien­tras el hombre con la pistola en la mano se subió al Mazda y arrancó a toda velocidad perdiéndose de la escena.

Doña Elvia había leído en las noticias sobre el robo de autos con lujo de violencia, pero nunca se esperó que le ocurriera a ella.

Sin saber bien qué hacer y ner­viosa marcó desde su número de celular al 911, donde una voz fe­menina preguntó en qué le podía servir. Ella contó lo que le acaba­ba de pasar.

La mujer del otro lado de la línea preguntó las placas de cir­culación del auto. «DLP-201_b», deletreó cuidadosamente.

De no haber hecho la llamada oportuna y sin demora, la mujer a la que le acababan de robar el ve­hículo no lo hubiera recuperado.

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IBA A VENDERLO A

LOS ALTOS DE CHIAPAS

Por las unidades de radio, los po­licías de la región reciben una alerta sobre el robo de un vehícu­lo Mazda.

De manera coordinada, se montan discretos retenes sobre las carreteras que van a los Altos de Chiapas, donde según investi­gaciones de la policía, van a parar los autos robados para su comer­cialización.

En Tapilula, un par de patru­llas se apuesta sobre la carretera, reduciendo la vía a un solo carril. Los autos que van y vienen deben esperar para cruzar.

No tarda en formarse en la fila un Mazda blanco. El conductor es el mismo que horas antes robó la unidad en el municipio de Pi­chucalco.

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Apenas ve el retén, el joven conductor mira la guantera. Dentro está la pistola escondida. Alarga su cuerpo y la saca de ahí, sin levantarla hasta el tablero.

Primero coloca el arma de­bajo de su asiento, pero unos segundos después decide sa­carla de ahí y meterla de nuevo en la guantera.

Sus manos empiezan a sudar conforme se acorta la distancia con el retén. Se limpia con el dor­so de una mano y la seca varias veces sobre el pantalón. La playe­ra roja que lleva está igual empa­pada de sudor. Sube más el clima de la unidad.

Cuando toca su turno, un ofi­cial lo saluda amablemente y le explica que están revisando to­das las unidades. Le pregunta de dónde viene:

—De Cunduacán, soy origina­rio de allá, voy a ver a unos pa­rientes.

—Este auto está reportado como robado. Nos va tener que acompañar para aclarar esto.

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Horas más tarde, frente al agente del Ministerio Público, Darinel «N», de 24 años de edad, confiesa su delito. Queda deteni­do por robo de vehículo agravado.

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