Síguenos

¿Qué estás buscando?

Raymundo Vázquez Soberano. Historiador.

Columnistas

Andrés Quintana Roo, insurgente cautivado por el amor

Andrés Quintana Roo fue uno de los actores principales en la segunda fase del movimiento de independencia y uno de los pocos líderes que alcanzó a ver la emancipación de México en 1821, para participar de manera favorable en la consolidación de la vida política de la nueva nación.

Nació en la ciudad de Mérida, antigua sede de la capitanía general de Yucatán, el 30 de noviembre de 1787. Su padre fue Matías Quintana natural de Mérida y su madre María Ana Roo, oriunda de la villa y puerto de San Francisco de Campeche. Su abuelo paterno Eduardo Quintana, fue un español proveniente de San Juan de Ortoño del reino de Galicia y su abuelo materno Antonio Roo y Font era también español.

El énfasis en su ascendencia española no es fortuito, ya se apreciará por qué. Desde joven mostró su capacidad para el estudio, su instrucción formal la inició en el colegio Real y Pontificio Conciliar de San Idelfonso de su ciudad natal. En ese colegio terminó la primera fase de sus estudios, de inmediato presentó su solicitud para que se le recibiera la información acerca de su legitimidad, limpieza de sangre y noble origen, los testigos que presentó corroboraron la información proporcionada por Andrés, declararon que sus padres y todos sus antepasados habían sido españoles nobles, sin mezcla de moros, judíos, gitanos o recién convertidos, ni de otra casta reprobada o infecta, sin que hubieran sido juzgados alguna vez por el Santo Oficio de la Inquisición, ni condenados por algún tribunal a penas viles. Autorizado el permiso, en 1808 partió hacia la capital del virreinato para proseguir su preparación en la  Real y Pontificia Universidad de México.

En 1909, ya en la Universidad y luego de una corta preparación recibió el grado de bachiller en artes, en el mismo año se le otorgó el grado de bachiller de Cánones estando en su sínodo el doctor Agustín Pomposo Fernández. Como su aspiración era graduarse de licenciado en la misma universidad, obtuvo del doctor Pomposo la anuencia para ser pasante en su prestigiado bufete. Practicando con él por dos años jurisprudencia. Durante la pasantía la vida de Quintana Roo, daría un giro de ciento ochenta grados, entonces contaba con veintidós años de edad.

COMO UNA NOVELA DE AMOR

El doctor Pomposo Fernández era el tío y tutor de María Soledad Leona Martín y Vicario, —mejor conocida como Leona Vicario—, había quedado huérfana de padre y madre a temprana edad. Era por ese tiempo una joven simpática y elocuente, proclive a lecturas selectas, la pintura y la música; dotada de un criterio amplio que la hacían propensa a las ideas independentistas que abrigaban diversos grupos de criollos de clase media y alta en la Ciudad de México. Por lo que no es extraño que de los encuentros frecuentes que tuvo con el inteligente pasante surgiera la atracción entre ambos y se enamoraran dando lugar a un romance, digno de una novela de amor.

En uno de esos encuentros románticos, el tutor de Leona los sorprendió y de inmediato reprobó el noviazgo, pues tenía arreglado el matrimonio de su sobrina con otro caballero de la nobleza virreinal. De manera que cuando Quintana Roo solicitó a Fernández su anuencia para desposar a Leona, la respuesta fue desesperanzadora, negativa. Ante esta situación los jóvenes prefirieron esperar, ya que Andrés había decidido incorporarse a las fuerzas que luchaban por la independencia. Para entonces la primera etapa del movimiento insurgente había concluido con el fusilamiento de Hidalgo, Allende, Aldama y Jiménez en Chihuahua y la supuesta erradicación del movimiento subversivo.

Andrés Quintana Roo

La guerra de independencia estaba en su segunda fase, acaudillada por el sacerdote José María Morelos y Pavón, quien había adquirido notoriedad por la habilidad militar mostrada y el conocimiento del terreno en que se movía. A mediados de 1812, Quintana Roo se despidió de su amada y se dirigió a Tlalpujahua, en donde se unió a los hombres de los hermanos Rayón, que por entonces operaban en la región occidental del virreinato.

Mientras tanto Leona fue confinada en el Colegio de Belén, porque se le encontraron cartas que la comprometían con los insurgentes, a los que ayudaba proporcionando dinero y noticias. Quintana Roo ideó un plan bizarro para rescatarla del liceo, siendo sustraída a altas horas de la noche por los insurgentes, ocultada en la ciudad y luego trasladada a Tlalpujahua en donde se reunió con Andrés y en abril de 1813 se unieron en matrimonio.

En aquel año la Junta de Zitácuaro al mando de Ignacio Rayón decidió difundir sus ideas emancipadoras a través de un semanario, el Ilustrador Americano encargando su dirección a Andrés Quintana Roo. En 1813, se movió con los demás insurgentes a Chilpancingo para celebrar el Congreso de ese nombre, Morelos lo designa secretario confidente, por considerarlo el más preparado para el cargo. Más tarde, el 6 de noviembre de 1813, figura como uno de los firmantes del Acta Solemne de la Declaración de Independencia de la América Septentrional, primer documento legal que establece la separación de la Nueva España del Imperio Español, siendo parte de los diputados elegidos al Congreso de Anáhuac. Por desventura de la guerra en 1814 y parte de 1815 el Congreso de Anáhuac funcionó primero en Chilpancingo, y luego en diversas localidades en condiciones precarias hasta la captura y fusilamiento de Morelos, tiempo en el que el Congreso fue disuelto en la ciudad de Tehuacán.

RECHAZAN INDULTO

Quintana Roo y su esposa no acompañaron al Congreso hasta Tehuacán, decidieron permanecer en Michoacán, Leona por gestiones de su antiguo tutor había recibido proposiciones de indulto en dos ocasiones. También a Andrés, el virrey, Félix María Calleja le había ofrecido un salvoconducto a condición de que jurara lealtad a Fernando VII, ambos ofrecimientos fueron rechazados por la pareja por lo que se vieron en la necesidad de peregrinar por campos y aldeas, pernoctando con frecuencia en las cuevas. En una de ellas, nació el 3 de enero de 1817, su primera hija a la que nombraron Genoveva.

La rectitud y determinación de Leona propició que a pesar de las nuevas ofertas de indulto ofrecidas a Quintana Roo, éste no las aceptara. En marzo de 1818 cuando la persecución de los realistas fue más tenaz y les fue imposible seguir viviendo en condiciones adversas. Los realistas dieron con ellos en el rancho de Tlacocuspa, cerca de la sierra de Tlataya, Quintana Roo al observar que el escape de los tres era imposible alteró un salvoconducto de los que había rechazado y se lo dejó a su esposa mientras él se escapaba. Leona fue detenida junto con su hija y conducida al pueblo de San Pedro Tejupilco. De manera astuta se le hizo saber a Andrés que leona había sido vejada por la tropa realista. Ante este escenario decidió presentarse en la comandancia de Temascaltepec para solicitar indulto sin pedir nada para él, solo buen trato para Leona y su hija.

A los pocos días el virrey le concedió el indulto, ordenando que debía cumplirlo en España, alegó que carecía de recursos para trasladarse y vivir en la península ibérica, por lo que se determinó su confinamiento a la ciudad de Toluca en donde permaneció hasta consumada la independencia. En 1820 se matriculó en el Colegio de Abogados de la Ciudad de México, y en 1821 formó parte del gabinete imperial de Iturbide como Secretario de Relaciones Exteriores. En 1831 fue senador; luego en septiembre de 1833 se le nombró ministro de justicia, fue uno de los más férreos defensores de la nación durante la invasión francesa de 1838. Ya viudo y muerta su hija Genoveva, continuó siendo parte de diferentes administraciones gubernamentales, hasta el 15 de abril de 1851 en que fue sorprendido por la muerte.

tabascohoy.com 

Te puede interesar

Columnistas

Advertisement