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Analista – Ideales vs fanatismo

Si revisa usted cualquier movimiento social en el mundo durante el siglo XX y lo que va del XXI, encontrará que lo que comienza con un ideal, sea este de libertad, igualdad, respeto y reconocimiento de derechos, genera que una parte de aquellos que comienzan un reclamo justo y legítimo, terminen convirtiéndose en lo que criticaron o combatieron. Durante la Revolución Bolchevique de 1917 en Rusia, se derrocó al zar y a los ricos, solo para instaurar a base de violencia e injusticia, a una nueva clase gobernante que se hizo de poder y de la riqueza de aquellos a quienes destronaron. La Revolución Mexicana de 1910 concluyó con un grupo de generales controlando el país, en toda la extensión de la palabra, quienes terminaron matándose por la presidencia de la República, hasta que Plutarco Elías Calles creó el Partido Nacional Revolucionario (PNR), para administrar el poder y los beneficios a conveniencia de todos los involucrados. La Revolución de los Ayatolas de Irán en 1979, terminó con la instauración de un régimen islámico, que mató sin razones a cuantos consideraba habían ofendido la Ley Divina, interpretada y aplicada a conveniencia. Irán paso de ser una nación próspera y avanzada, a ser uno de los lugares más peligrosos y subdesarrollados del mundo. Hasta aquellos que siguen viviendo con el sueño socialista deben de reconocer que, cuando su ideología gana y se instaura en el poder, quien está a cargo, se convierte justo en lo que criticó o combatió, recurriendo a la represión, a la violencia y a la ira como herramienta. Esta es una de las razones por las cuales tanto el socialismo como el comunismo fracasaron, porque los seres humanos no somos iguales en capacidades, talento, habilidades y posibilidades. El reto para una sociedad, es proveer las herramientas necesarias, como educación, salud, seguridad y justicia, para que cada individuo esté en posibilidad de desarrollar al máximo su potencial y así pueda competir en el mundo. No se trata de “jalar” a todos para “abajo”, pensando que con esto se hace justicia histórica y social. A nadie beneficia una sociedad “abajo” en su manera de pensar, actuar y trascender, donde lo que mueva a sus miembros y gobernantes sea el odio y la ira. No está mal que exista la riqueza, lo malo es que no se ha encontrado un sistema que genere menos desigualdad.

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