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El Tabasqueño

AMLO: moderno Siddharta

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Una de las extraordinarias novelas del escritor, poeta, novelista y pintor alemán, Hermann Karl Hesse [Premio Nobel de Literatura 1946], es Siddhartha, que narra la historia de la búsqueda del hijo de un brahmán [de la casta de los sacerdotes en la India] que a pesar de lograr ser respetado, admirado y querido por su rápido y natural manejo de las enseñanzas de la meditación, el ayuno y el sacrificio, decide un día partir de entre los suyos y convertirse en un asceta e irse a vivir con los samanas.

Siddhartha, quien ya había logrado comprender la palabra de las palabras para pronunciar silenciosamente el Om y que conocía en el interior de su alma las enseñanzas de Atman [el verdadero yo] no estaba satisfecho con lo que había logrado, con lo que sabía, por lo que decidió abandonar todo: su aldea, donde era altamente ponderado y su familia, para ir en una búsqueda más profunda de su Yo, para entender su sentido.

El joven brahamán vaga con los ascetas, pero después de tres años decide abandonarlos porque su doctrina tampoco le satisfacen. En sus andanzas conoce a Gotama [Buda] y escucha sus enseñanzas, pero halla una fisura en su doctrina sobre la rueda de las reencarnaciones [nacer, morir, renacer] y decide que en adelante no buscará ni seguirá a ningún tipo de maestros.

Al final, Siddhartha aprende que encontrar significa ser libre, estar abierto, carecer de objetivo. Y entre las cosas que logra encontrar es que la sabiduría no es comunicable. La sabiduría que un sabio intenta comunicar a otro, suena a locura. El saber puede comunicarse, la sabiduría no. Pero la enseñanza mas grande que aprende es la de amar al mundo y a no equipararlo más con algún mundo deseado e imaginado por el cerebro.

Ha decidido amar al mundo y todo lo que lo que lo compone como es, e integrarse con él a gusto, sin buscar.

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En lo que puede considerarse un nuevo adelanto de su testamento político, Andrés Manuel López Obrador ha pronunciado con mayor amplitud cual será su conducta una vez entregada la Presidencia de la República.

El anuncio no parece el apropiado para alguien que hoy es visto como ejemplo y líder de una corriente de hombres de izquierda que encabezan gobiernos por toda Latinoamérica. Su advertencia de retiro absoluto de la vida pública, política y social —incluso la familiar, ha dicho— me ha hecho recordar a Siddhartha, el brahamán que aún con el futuro resuelto como sacerdote hindú, decide abandonar todo e irse con los samanas, aquel grupo de ascetas en peregrinación, siempre solitarios, extraños y hostiles frente al mundo, «hombres de entrega destructora, de implacable renuncia».

López Obrador ha dicho que terminando a finales de septiembre de 2024 se jubilará y no volverá a la actividad pública, ni siquiera aceptará invitaciones a conferencias, no asistirá a ningún acto notorio, político, aunque se trate de amigos, aunque se trate de familiares.

Sus palabras en vez de felicidad generan nostalgia y deberían provocar incertidumbre hacia dentro de su movimiento político, pues ese retiro absoluto una vez que ocurra podría ocasionar un cisma político con alcances aún incalculables para México.

¿Cómo entender que mientras personajes como Jean-Luc Mélenchon, ex candidato presidencial de Francia en los pasados comicios de junio, declaran abiertamente que el Presidente Andrés Manuel debería asumir un papel de liderazgo ideológico a nivel mundial (https://bit.ly/3Py75oI), él —AMLO— anuncia que al final de su mandato se aplicará una especie de «eutanasia política» renunciando a toda influencia aún la ideológica?

México ha sido marcado por este hombre —para bien o para mal, según lo vean afines y contrarios— para siempre y su jubilación pesará al país (más que un simple ostracismo) con consecuencias que quizá el mismo AMLO no ha medido, pues él no debe olvidar sus propias palabras: «yo ya no me pertenezco», y es cierto, pues ahora —y quizá hasta su muerte— le pertenece a la nación y su salida de la transformación del país será una acción climática para el país, provocando, incluso, efectos negativos de alto impacto.

«Me estoy aplicando para que no quede nada pendiente y pueda yo ir con mi consciencia tranquila de haber servido a mí país, a mi pueblo y no pienso continuar en la política. Voy a escribir, ni siquiera voy a publicar con frecuencia», sentenció el pasado jueves 14 de julio en su conferencia de prensa.

Está claro, por sus palabras, que el tabasqueño se auto recetará, como Siddhartha, un distanciamiento total de lo que ha logrado, «no por grosería, sino porque si no lo hago así me costaría más trabajo (…) [porque] no hay que tenerle mucho apego ni al poder ni al dinero».

Este moderno Siddhartha ha dicho que al terminar, también se despedirá de sus redes sociales, no recibirá a políticos, ni a dirigentes, ni simpatizantes de su movimiento, incluso ni a sus hijos, si éstos le llevan algo que tenga que ver con la política.

El retiro absoluto, cuando por fin, después de casi 50 años, se ha alcanzado la cima, cuando está en camino la transformación de un nuevo país impulsada por él.

Un salto al vacío.

¿Quién más dará el empuje ideológico a la 4T, si ahora mismo dentro de su movimiento no se ven personajes enteramente comprometidos a llevar con terquedad una renovación verdadera?

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¿De qué naturaleza son las cadenas del poder, que cuanto más abrazan y destrozan, cuanto más asfixian, más devoción y adicción ocasionan?

Como se sabe, tras la muerte del general Obregón, Francisco Plutarco Elías Campuzano, conocido como Plutarco Elías Calles, junto con el grupo político que lo rodeaba asumieron el control del que sería el partido en el poder en México, inaugurando una etapa en la historia del país conocida como el «Maximato».

Es así que Calles impulsa al general Lázaro Cárdenas como candidato y Presidente de la República, para después aislarse del poder político en su estado natal Sonora, confiado en el control que su grupo político tenía en el PNR y en el gobierno. Pero al observar que Cárdenas del Río movía al sindicalismo obrero y eso descomponía sus relaciones con la clase empresarial, Calles decide regresar a la Ciudad de México para tratar de controlar al nuevo jefe del gobierno.

Esa dualidad de poderes, en la que por un lado se encontraba la «jefatura máxima» del partido Partido Nacional Revolucionario (PNR) y por otro el Poder Ejecutivo provocó un desencuentro que llevó al general Lázaro Cárdenas a enviar al exilio a Estados Unidos a Plutarco Elías, obligando además a renunciar a los callistas, para así tomar el control absoluto del poder político del país, lo que al mismo tiempo creo lo que hasta hoy sobrevive y se conoce como el «presidencialismo».

«No hay que tenerle mucho apego ni al poder ni al dinero», dijo AMLO el jueves pasado. ¿Será acaso que el de Macuspana ha sentido como todo mortal las tentaciones del poder y por eso él mismo se receta abstinencia total? ¿Pensará López Obrador en que cortando todo hilo de comunicación con el pueblo y los políticos del país podrán acallar ese sofocante encanto que produce el poder?

Siddhartha, al final de su ascetismo deja de buscar, pues descubre que el hombre libre de aceptación y de rechazo experimenta una tranquilidad inmensa y un arrojo mayor. AMLO tras su retiro sin duda buscará curarse de la fascinación del poder, para volver a ser un hombre libre, como cuando inició en su lucha.

UN ADAGIO: «Decir que no tienes otra opción es liberarte a ti mismo de la responsabilidad» (PATRICK NESS)

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