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los datos duros

AMLO, el pueblo y el Grito

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“Es un honor estar con Obrador”, gritan a coro un grupo de personas al tiempo que agitan, en todo su esplendor, la bandera de México”. Una señora desde el fondo de sus lentes los mira entusiasmada. ¿Y qué hace usted aquí, por qué vino?, le preguntamos.

“Mire, a mí nadie me trajo, no soy acarreaada; yo vengo desde Mexicali. Y vengo con una de mis hijas que es como yo: lopezobradorista de hueso colorado. ¡Y a mucha honra!”. ¿Y le gustan los Tigres del Norte?, le inquirimos.

Los ojos parecen crecerle debajo de los cristales y, con una emoción que no sabe expresar sino a gritos, nos responde: “¡Claro que me gustan! ¡Imagínese, yo soy del puritito norte! Pero ¿sabe qué? Yo, para decirle la mera neta del planeta, a lo que vengo es a apoyar a mi presidente: ¡El mejor presidente de la historia!, aunque les pese a los voceros de la derecha”.

Un joven se acerca y, desde la cúspide de la espontaneidad, grita: “¡Viva México, pinches neoliberales!” ¿Y quiénes son los neoliberales?, le preguntamos al punto. “¡Esos cabrones que no quieren a México ni a su gente! ¡Esos pinches traidores a la patria que siempre se burlan de nosotros, del pueblo mexicano! Pero ¿sabes qué? ¡El pueblo es mucha pieza!”, como dice el presi.

“¡Pero a este país ya nadie lo engaña, ya nadie le ve la cara! ¡Ya nos quitamos la venda de los ojos!”. El entusiasmo lo desborda y las lágrimas acuden, fáciles, a sus ojos. Su novia, una chica con las mejillas adornadas por un par de banderas de México, lo cobija con un abrazo maternal que, por un momento, hace pensar en aquella madre que está cobijando a su hijo, protegida por las salutíferas alas de un águila real.

¡Qué bien hicieron los creativos artistas que inventaron ese logo del IMSS! Los gritos, los vivas, los hurras desgarran las gargantas del pueblo mexicano. “¡Viva México!, ¡Vivan los héroes que nos dieron patria! ¡Viva el pueblo de México!”, grita, espontáneo y empático, desde el palco de Palacio Nacional, el presidente Andrés Manuel López Obrador, mientras hace tañer la campana que un día Miguel Hidalgo hizo restallar para llamar al pueblo a la Independencia de México. No cabe duda: ya se respiran aires de libertad, el dulce aroma de la transformación.

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