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Fue golpeada en varias ocasiones con un martillo, además recibió cinco balazos, pero logró sobrevivir y denunció a sus agresores.

Seguridad

Amantes asesinos: son buscados por FGE de Campeche

José «N» y Gabriela «N» planearon matar a la ex pareja del primero. Le dieron de martillazos y hasta cinco balazos. Ella sobrevivió.

CIUDAD DEL CARMEN, CAM­PECHE.— Unos días después del Día del Amor y la amistad, cuan­do regresaba del mandado, Esbe encontró la puerta de la cocina abierta. Como estaba separada, preguntó por WhatSapp a José «N», su ex pareja, si él había veni­do a la casa. Esperó un rato senta­da en recibir una respuesta, pero luego se levantó y fue a su cuarto.

Cuando abrió la puerta, se encontró a una persona vestida toda de negro, incluidos guantes, con uno de los cuales sujetaba un martillo nuevo. Como el extraño intruso no tenía cubierta la cara, Esbe reconoció al intruso: era Gabriela «N», la amante de su ex.

Sin que mediera ninguna pa­labra, la mujer de negro se aba­lanzó sobre Esbe y comenzó a golpearla en la cabeza. Tras un forcejeo entre ambas, cayeron al suelo y entonces a Esbe se le ocurrió morder la mano de su rival, por lo que pudo quitarle el saca clavos.

Con el mismo martillo le dio un golpe en la cabeza a la agre­sora. Esbe gritaba por ayuda, pero como nadie venía, se fue al baño con el martillo. Apenas estaba revisando las heridas de la cabeza sangrante, cuando se apareció de nuevo la otra, su­jetando un arma en una de sus manos. De la boca de la pistola salieron cinco fogonazos.

Más tarde, muchísimo an­tes de que se fugara, Gabriela inventaría ante el juez que fue invitada por Esbe para hacer las paces, y que el arma no era de ella sino de un pariente de la propia Esbe y que ahora se la quería plantar.

La agraviada se desvaneció en el baño. Luego vino en sí, pero no podía levantarse. Oyó a los niños que ya había llegado de la escuela, y también escuchó la voz de José su ex, que les ha­bía prohibido molestar a mamá. El hombre se dirigió al baño y comenzó a restregar con jabón la sangre en los azulejos.

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Esbe creyó que todo eso le ocurrió el mismo lunes 17 de fe­brero, pero luego sabría que lle­vaba dos días en su propia cama, con cinco balas en el cuerpo y na­die que la llevara al hospital.

 

LA ATAN DE PIES MANOS Y OJOS

José, en complicidad con su amante, esperaba que Esbe se muriera. Pero como seguía con vida, la sacaron de la casa, en­vuelta completamente en una sábana, y la llevaron al rancho del padre de José, junto con los ni­ños, en Escárcega.

José y Gabriela contaron al anciano que la Esbe había sido asaltada en su casa. Extraña­mente, el padre de José, José mismo, su amante y los niños de su ex se regresaron a Ciudad de Carmen. A la herida la deja­ron otros días más sola, atada de pies y manos y encintada su boca, quizá pensando que esta vez estiraría la pata.

Cuando regresó el ex suegro de Esbe, junto con José, vieron que la baleada seguía con vida, entonces tomaron la decisión de llevarla al hospital más cercano al rancho. En el centro médico de Escárcega tomaron nota de que la herida arribó al nosocomio atada de manos y pies. Mañosamente le hicieron primero una prueba química para detectar si había restos de pólvora en su mano.

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Paradójicamente, ella salió positivo, pues había recibido los disparos a boca de jarro.

Esbe fue enviada a Campeche para una mejor atención. Al ren­dir su primera declaración en la cama del hospital, contó toda la verdad. Lamentablemente al único que pudieron detener es al ex suegro, por haber recibido a su ex nuera en el rancho y no darle ayuda de inmediato.

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