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Ignacio Allende.

Tabasco

Allende, el ser humano detrás del héroe

La pasión y carácter de un insurgente

Raymundo Vázquez Soberano

Historiador

 

En el panteón cívico de los héroes de la independencia mexicana existen algunos que estuvieron en condiciones de igualdad o incluso detentaron un carisma superior al manifestado en su momento por el cura Miguel Hidalgo quien después del triunfo liberal en la Guerra de Reforma fue convertido de manera oficial en el padre de la Patria.

Es el caso de Ignacio Allende, quien para algunos estudiosos de la historia mexicana (Benito Abad, Armando de María y Campo, Antonio Barajas Becerra) fue el principal promotor del movimiento de la independencia de México. A él está dedicada esta colaboración en la que se muestra al ser humano detrás del héroe, además se abonan elementos relacionados como el principal impulsor de la independencia.

Ignacio José de Allende y Unzaga nació en San Miguel el Grande el 20 de enero de 1769 y murió fusilado en Chihuahua el 26 de junio de 1811. Entre esas dos fechas interdistantes, 42 años y esos dos escenarios geográficos —el de la apacible y relajada cotidianidad vivida en San Miguel y el hostil tratamiento sufrido en la árida Chihuahua—, está enmarcada la vida de este ilustre hombre.

Sus padres pertenecían a la clase acomodada de San Miguel, sin embargo murieron pronto y a temprana edad quedó en la orfandad junto con sus cinco hermanos. A partir de entonces la vida cómoda y los privilegios menguaron. Aún en esta circunstancia pudieron mantener un ritmo de vida aceptable. [Benito Abad Arteaga, Rasgos biográficos de D. Ignacio Allende]. Desde joven empezó a gozar de prestigio entre los lugareños por su agudeza comunicativa, su valentía y su propensión hacia la protección de los débiles y oprimidos.

Su educación formal la obtuvo en el Colegio de San Francisco de Sales de su ciudad natal, procuró aprovechar su talento e incursionó en estudios literarios y luego en el desarrollo del manejo de las armas por lo que obtuvo calificaciones sobresalientes en su clase de teniente del regimiento de la reina. Lo que le permitió alcanzar el grado de teniente por despacho provisional del regimiento de dragones de la reina en 9 de octubre de 1795, por despacho real el 19 de febrero de 1796, de granaderos por decreto dado en 31 de enero de 1781 por el virrey Félix de Marquina y de capitán en 1809.

Allende era de carácter sereno ante las situaciones difíciles, pero actuaba con determinación cuando así se requería y no vacilaba en enfrentar el peligro con su sable en mano, como lo demostró en diversas ocasiones antes y en el movimiento de independencia. Era proclive a los eventos ecuestres y experto en ellos y no vacilaba en recorrer con sus amigos y subordinados veinte o treinta leguas para participar en algún jaripeo que se celebrara en alguna hacienda.

Allende tuvo diversas relaciones amorosas, con facilidad las contraía debido “á su carácter amable al mismo tiempo que resuelto, á su valentía, á la elegancia con que acostumbraba vestirse, con especialidad el traje militar y a su fisonomía.” [Benito Abad Arteaga, Rasgos biográficos de D. Ignacio Allende]. Con varias de las mujeres con las que se relacionó amorosamente procreo hijos a los que brindó protección por determinados periodos según las circunstancias, y según también la posición social de las mujeres, pues no siendo en su juventud de grandes escrúpulos en esta materia solía tenerlas de todas clases. Alrededor de los 30 años se casó con Agustina de las Fuentes y Vallejo, viuda de Benito Aldama. A los dos años Agustina fallece, Allende enviuda y no vuelve a contraer matrimonio.

No se sabe exactamente cuándo Allende empezó a sentir aversión por el gobierno español. Es posible que el despotismo y desprecio con que los españoles veían al pueblo alentaran en él esta idea que sostuvo hasta su muerte. Allende es un personaje que piensa en la independencia mucho antes de que inicie el movimiento armado de septiembre de 1810, “las ideas de independencia lo seguían por todas partes como la sombra del cuerpo.” [Armando de María y Campos, Allende, primer soldado de la nación]. Para este autor, Allende es el promotor de las conspiraciones que comenzaron a desarrollarse desde 1808 y el hombre clave de la causa independentista en San Miguel y Querétaro. Afirma que “[…]en medio de incertidumbres y desasosiegos de quienes conspiran, Allende se multiplicaba predicando la independencia, y se hizo sospechoso por sus viajes frecuentes. A él le correspondía, según Campos, el primer mando del movimiento militar insurgente.

Allende por su dinamismo y capacidad militar era el indicado para encabezar el movimiento de independencia; pero se decidió por ceder la dirigencia del movimiento a favor de uno de los integrantes de la junta principal: Miguel Hidalgo.

Las cualidades de Allende e Hidalgo, no se prestaban a discusión, pero eran distintas. Allende no compartía la idea de incorporar a la plebe al ejército insurgente y se inclinaba a guardar la disciplina y el orden de los participantes en la guerra. Hidalgo por su parte, consideraba que la incorporación de los indígenas y del pueblo llano eran una ventaja para el movimiento insurgente; desde ahí la amistad entre los dos caudillos de manera paulatina empezaría a deteriorase hasta llegar a su rompimiento definitivo. En la medida en que el movimiento cobró fuerza los desmanes, saqueos y asesinatos a españoles por parte de la plebe fueron en aumento sin que Hidalgo las evitara. Allende por su parte, se esforzaba por mantener la disciplina y gracias a su pericia militar hasta donde le era posible agotaba sus fuerzas organizando al ejército insurgente; gracias a este esfuerzo obtuvieron varias victorias sobre las fuerzas realistas.

A pesar de ello, Allende e Hidalgo en cada lance de importancia quedaban más contrapuestos. Por esta situación no lograron ponerse de acuerdo para enfrentar en Aculco —en las inmediaciones de la ciudad de Querétaro—, a las fuerzas realistas comandadas por Félix María Calleja y Manuel de Flon, fueron derrotados de manera contundente. Entonces Allende e Hidalgo se separan Allende parte hacía Guanajuato e Hidalgo hacia Valladolid. En Guanajuato Allende sin pertrechos y sin tropa queda expuesto ante el ejército realista y en un acto de solidaridad solicita el apoyo de Hidalgo, pero este se lo niega pretextando que se encuentra en marcha hacia Guadalajara

El resultado de esta acción es la derrota y evacuación de Allende de la ciudad de Guanajuato. Con este descalabro iniciaría la debacle de los pioneros de la primera fase del movimiento de independencia.

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