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Adiós Chonita, adiós

Como en la época del priísmo gobernante, con la fuerza del poder político aplastando a los desaseados, Asunción Silván fue destituida de la presidencia municipal de Jalapa.

Dirán los políticamente correctos con la ley bajo el brazo que los cargos de elección son irrenunciables, que nadie puede destituir a un alcalde o, como en este caso, alcaldesa.

Pero en política, se les exige la renuncia a quienes abusan del poder y se sirven de los cargos para construir riquezas. Se somete a quienes rompen relaciones políticas con el mandatario o no tienen fuerza propia.

Chonita Silván agotó la paciencia del gobernador Adán Augusto. Gobernó en medio del escándalo, puso el erario a su servicio, otorgó poderes especiales a su esposo.

En plena pandemia, la señora destituyó ilegalmente a varios regidores. Su jefe morenista dio un golpe en el escritorio y la metió en el costal de los despedidos.

Silván salió de la nada para administrar un ayuntamiento y enloqueció de poder.

Así andan varios a quienes la fortuna les sonrió, mareados de ignorancia, alucinados por un triunfo casual, ajeno. Valientes, los diputados locales se dieron gusto descabezando a la Silván por instrucciones superiores. Si les hubieran ordenado protegerle, hoy estaríamos viendo al rebaño de la diputada Milland desgarrarse las vestiduras a favor de la jalapaneca. ¿Qué sigue? Que se finquen responsabilidades a los ex funcionarios y que a otros alcaldes se les meta al orden. Si la mano cortara parejo, ya estarían patitas en la calle Tomiris Domínguez, de Tacotalpa; Roberto Villalpando, de Macuspana; Antonio Almeida, de Paraíso; y Guadalupe Cruz, de Centla. Ya veremos si la mano justiciera mide con el mismo rasero a todos.

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