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agosto 3, 2021

Columnistas

Adán, el presidenciable del Sureste

Por Héctor Tapia

 

• Otro hombre de Tabasco, lo que más conviene a la 4T

• En 2024 Morena podría sumar 20 gobernadores para impulsarlo

 

Más que una ambición, la postulación del gobernador Adán Augusto López Hernández como aspiran­te a la Presidencia de la República tendría que ser una obligación, una misión en la búsqueda de evitar que Tabasco y el Sureste del país se queden otros 100 años con proyectos varados. Dar la pelea para evitar que estas tierras tropicales y petro­leras sean condenadas nuevamente al ostracismo.

No se trata sólo de ‘destapar’ al gobernador, sino de poner en la escena pública la necesidad de que cuando sea el momento, el Sureste del país cuente con un representante que alce la mano y se apunte en la lista presidencial, para que la transformación emprendida por Andrés Manuel López Obrador continúe. No es poca cosa si consideramos que tres de los cinco grandes proyectos de la Cuarta Transformación se ejecutan en el Sureste: El Corredor Transíst­mico, entre Oaxaca y Veracruz; el Tren Maya, que recorrerá los estados de Chiapas, Tabasco, Campe­che, Yucatán y Quintana Roo y la refinería de Dos Bocas, en Paraíso.

Curioso que sea de nuevo Tabasco, «el laboratorio» de los movimientos que han cambiado al país, como en el pasado lo fue el «garridismo» para el general Lá­zaro Cárdenas, quien transformó con grandes obras y nuevos aires la educación, la producción energética y el campo.

En Tabasco se detona también el principal proyec­to de la Cuarta Transformación, pues es aquí donde se sientan las bases de la autosuficiencia energética que significará ahorros en la producción de combusti­bles, sin dejar de lado que las mega obras han permiti­do la recuperación de empleos pese al Covid-19.

Apunto al gobernador porque Tabasco tiene un nuevo peso dentro del naciente régimen que se funda en el país, además, tras la derrota que sufrió Morena en la Ciudad de México, no hay bastión más leal para ese movimiento como éste, cuya población se volcó masivamente por el proyecto de AMLO.

No se debe olvidar tampoco que López Her­nández ha luchado desde tiempo atrás con Andrés Manuel López Obrador, incluso en épocas malas, como durante el fraude de 2007 que realizó Felipe Calderón para despojarlo de la Presidencia. Ese se­xenio fue de traiciones y abandono para él, incluso del PRD, con el que rompió en septiembre de 2012 para iniciar la fundación de Morena. Una vez que el partido tuvo registro, Adán, en muestra de lealtad, renunció al Sol Azteca siendo senador y se sumó a Regenera­ción Nacional el 23 de enero de 2014.

Como mandatario López Hernández ha hecho un gobierno apegado a las ideas del Presidente sobre la Cuarta Transformación: austeridad guberna­mental, fin a los excesos en la administración pública, apoyo a los más vulnerables, recortes en gastos innecesarios como el de las regidurías o el dinero a los partidos políticos y los contratos de publicidad.

Ahora mismo, mientras escribo estas líneas que buscan reafirmar lo que dije la semana pasada [«Si Claudia y Marcelo se debilitan, ¿Adán se fortalece para la Presidencia?», Tabasco HOY, 26/06/21], en las redes sociales corren mensajes encriptados como el del informado político Raúl Ojeda (@RaulOjedaZ52) que publicó el miércoles: «Hoy empieza la cuenta regresiva. Muy pronto un paisano y amigo estará donde tiene que estar, para lo que sigue. El que entendió entendió».

Aunque públicamente lo ha negado, si Adán estu­viera por asumir en los próximos meses la Secre­taría de Gobernación (como insistentemente se ha manejado), eso lo convertiría en automá­tico en aspirante presidencial. Sea cual sea la decisión que se tome, Adán Augusto está llamado a convertirse en una figura nacional, lo que le dará la oportunidad de crecer políticamen­te y entrar a la carrera presidencial, no debemos olvidar aquel refrán popular que no por trillado deja de ser cierto: «Caballo que alcanza, gana».

Esto aún no empieza.

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El poder de los goberna­dores de Morena después de la la elección intermedia se fortalecerá notablemente al pasar de seis a 16 mandatarios en solo tres años, pero este número muy posible­mente seguirá creciendo hasta llegar a un aproximado de 20 ejecutivos de aquí al 2024, según las prospectivas y balances que se obser­van en medida que inicia el segundo tramo del sexenio presidencial y con ello el tiempo de preparar la sucesión.

Lo que vendrá para el 2024 dependerá en mucho del trabajo que realicen los actuales y nuevos gobiernos estatales y municipales para aportar una importante bolsa de votos en las próximas elecciones federales. A esto habrá también que sumarle el liderazgo de AMLO desde Palacio Nacional, que seguirá pesando en el resto de la administración mediante los programas sociales y su emblemática imagen.

No hay que perder de vista que en los próximos dos años serán relevadas ocho gubernaturas más, la mayoría de ellas ocurrirá en 2022. Tres de esos estados: Aguascalientes, Durango y Tamaulipas han alternado administraciones entre el PRI y el PAN, en una especie de bipartidismo. Mientras que en Oaxaca y Quintana Roo los cambios se han logrado con coaliciones de par­tidos diferentes al PRI. En el caso de Hidalgo, último de los seis estados que irán a elección en 2022, hasta ahora se ha mantenido como un bastión priísta.

El ciclo electoral de este sexenio se cerrará en 2023 con dos estados con amplia representatividad para el PRI que los ha gobernado en los últimos 100 años: Coahuila de Zaragoza y el Estado de México.

De estos ocho estados, Morena tiene probabilidades de ganar especialmente en los que ha habido alter­nancia, como son Aguascalientes, Durango, Oaxaca, Quintana Roo e incluso Tamaulipas, por lo que no es absurdo pronosticar que el partido en el poder podría llegar al 2024 controlando 20 de las 32 gubernaturas del país.

El impulso que este importante grupo de gober­nadores de Morena de al próximo sucesor de Andrés Manuel López Obrador será decisivo. Desde esas gu­bernaturas se puede potenciar al próximo Presidente de la República. Adán podría encabezar ese apoyo, ser el aspirante de los gobernadores. Aunque es claro que él no se aventurará si antes no tiene la opinión y consenti­miento de AMLO.

¿Por quién optará el Presidente de la República, que ya ha empezado a mandar mensajes secretos y contra­dictorios para confundir tanto a políticos como a la opi­nión pública, como lo hizo al citar a Tatiana Clouthier, Juan Ramón de la Fuente y Esteban Moctezuma?

¿Será Claudia Sheinbaum, que ha demostrado no estar lista para una encomienda mayor con el negligen­te manejo de la crisis por el accidente en la Línea 12 del Metro y la reciente derrota electoral que la llevó a per­der medio territorio y la cámara local?, o ¿por Marcelo Ebrard que, más que un colaborador suyo es un aliado con intereses y proyectos propios y que tiene expedien­tes abiertos por corrupción por su pasada administra­ción en la CDMX? o ¿habrá un «cayuco negro» llevado desde la selva tropical?

Quien el Presidente elija como candidato tendrá asegurado un eventual triunfo en el 2024, pues Morena llegará al cierre del sexenio controlando el 78 por ciento del territorio nacional y con un liderazgo fuerte del tabasqueño, pero además, a 36 meses del relevo, en la oposición no creció un solo abanderado digno de competir.

Un último dato: En los últimos 100 años en México, nueve gobernadores han sido Presidentes de la Repú­blica, pasando desde Venustiano Carranza (Coahuila, 1911), Lázaro Cárdenas del Río (Michoacán, 1928) hasta Enrique Peña Nieto (Edomex 2005).

Lo difícil para Morena será cuando AMLO se retire de la escena pública, lo que en verdad preocupa es lo que empezará después del 6 de junio de 2024. A partir de ahí, ¿quién podrá remolcarlos?

Dale, Adán, anímate.

 

 «No desprecies a nadie; un átomo hace sombra»

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