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Domingo Gómez murió a causa de un enjambre de abejas.

Seguridad

Abuelo pierde la vida por enjambre de abejas

Dos personas más fueron hospitalizadas por ataque de una colmena fuera de control.

JOSÉ ÁNGEL CASTRO
GRUPO CANTÓN

CHILÓN, CHIAPAS.- En los cerros de Chilón reina Ah Mucen Kaab apaciblemente sobre sus súbditos. El Dios Abeja, que los hombres han representado en piedra en forma cuadrúpeda y con la cabeza hacia abajo, vigila que sus colmenas produzcan el néctar llamado miel.

Ah Mucen Kaab tiene en sus patas el poder de endulzar el paladar de quien se acerca a sus límites o causarles con sus aguijones en forma de garras, la muerte en poco tiempo.

Los tzeltales de Chilón, Yajalón y Palenque lo saben muy bien, y por eso en los caminos por donde pasan, si se topan con una colmena, guardan la distancia con respeto y apuran el paso para no provocar la ira del Dios Abeja.

Esto lo comprenden mejor los apicultores de la región de forma tan clara que todas las mañanas, cuando se levantan para ir a buscar la miel, enfundados en sus caparazones que los hacen verse como astronautas en la luna, cada uno de ellos, antes de tomar el envase donde pondrán con cuidado el dulce líquido, emitirá una breve oración, un conjuro para Ah Mucen Kaab. Así, sabiendo que han pedido permiso al Dios de la Miel, toman con confianza de su néctar.

LOS HECHOS EN TACUBA NUEVA

Domingo Gómez y dos compañeros suyos se levantaron temprano el sábado 6 de marzo para ir a recoger miel a unos apiarios que los tres cuidan en un cafetal localizado en el ejido Tacuba Nueva.

Planean llevar la miel, producida en su mayoría por abejas europeas (Apis malifera), al pueblo para venderla a una cooperativa que la comercializa en Europa.

El aire del campo fresco y el dinero que tendrán al terminar la jornada los hace mantenerse alegres.

Apenas llegan al colmenario se colocan únicamente la escafandra, pues al abrir las cajas es molesto estarse espantando con las manos los animalejos que vuelan alrededor de sus caras.

Domingo Gómez y sus dos compañeros no se quitan la ropa que traen para ponerse el overol completo.

La mayoría de los apicultores no se lo pone, y trabajan como única protección con sus camisas de manga larga y pantalones de mezclilla.

Han abierto las primeras cajas, y no notan un zumbido extraño que se pasa de abeja en abeja. Una de ellas se ha irritado y ha enviado una emisión de alarma a sus compañeras. La colonia se excita y comienza a picar en distintas partes de su cuerpo a los tres apicultores expertos.

LAS PICADURAS LO ASFIXIARON

Domingo Gómez tiene 55 años de edad, y sus dos compañeros tampoco son unos adolescentes. A su edad, es imposible echarse a correr 200 metros —distancia que dices en la recomendada— para ponerse a salvo del ataque.

Cuando sienten las picaduras, agitan sus brazos para desprenderse de los insectos, pero como son tantas es imposible liberarse de ellas.

Domingo tropieza y cae al suelo, la escafandra rueda por la maleza, y los insectos aprovechan el momento para picarlo.

Los tres hombres quedan inconscientes, pero otros apicultores no tardan en darse cuenta de la desgracia. De inmediato hacen una llamada a los paramédicos. Los tres hombres son trasladados en una ambulancia al hospital.

En el interior de sus cuerpos, el veneno de las abejas es tanto que los tres tienen problemas graves para respirar.

Desafortunadamente, Domingo Gómez falleció apenas entrar el nosocomio.

 

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