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Mariano Abasolo.

Tabasco

Abasolo, un caudillo desleal a la independencia

Para salvarse, culpó a sus compañeros

José Mariano Abasolo, es considerado en la historia nacional mexicana como benemérito de la patria en grado heroico y su nombre está inscrito con letras de oro en el Congreso de la Unión, incluso en 1910 con motivo del centenario del inicio del movimiento independentista el Congreso mexicano realizó gestiones para traer sus restos mortuorios de España para colocarlos junto al de sus compañeros en la Columna de la Independencia que ese año se inauguraría, pero como no se pudieron localizar sus restos, las intenciones del Congreso se malograron. De haber conseguido su objetivo los congresistas de 1910; de manera figurativa los compañeros de Abasolo de nuevo le habrían dado muerte por desleal. Para apuntalar este bizarro calificativo dado a Mariano Abasolo, es necesario recrear parte de su vida y algunos momentos estelares de su participación en el movimiento insurgente.

Este personaje fue paisano del cura Miguel Hidalgo, nació en el pueblo de Dolores en 1783, sus padres José Bernardo Abasolo Arechabala y de María Micaela de Outón eran de origen vasco y poco permanecieron en ese pueblo para luego establecerse en Querétaro en donde su padre se dedicó las labores agrícolas convirtiéndose en un importante hacendado poseedor de una cuantiosa fortuna. Abasolo quedó huérfano durante su infancia, por prestigio decidió ingresar al ejército realista, adquiriendo pronto el grado de capitán del Regimiento de Dragones de la Reina, estableciendo una estrecha amistad con Ignacio Allende siendo éste quien lo invitó a participar en el movimiento independentista.

En San Miguel el Grande contrajo matrimonio con María Manuela Taboada, huérfana y poseedora de una gran fortuna heredada de su padre, un rico español, vecino de Chamacuero, Guanajuato. De manera que, reunidas las fortunas de ambos hacían una riqueza envidiable en toda la comarca. A pesar de las súplicas de su esposa siguió conspirando con Allende. De manera que al anochecer del 16 de septiembre de 1810, cuando el ejército insurgente entró a San Miguel el Grande, Abasolo ordenó la entrega de las armas del regimiento a Hidalgo y marchó con los insurgentes a Celaya donde fue ascendido a coronel y con tal rango en Guanajuato fue comisionado por Hidalgo para que fuera a la alhóndiga de granaditas a entregar al intendente José María Riaño el pliego en donde se le intimaba la rendición de la plaza.

Luego del triunfo de Guanajuato, en Acámbaro fue nombrado mariscal, participó en la batalla del Monte de las Cruces. Cuando los insurgentes fueron derrotados en Aculco por el ejército realista a cargo de Félix María Calleja y Manuel de Flon, conde de la Cadena, Hidalgo y Allende se separan; Allende en compañía de Abasolo y Aldama se dirige a Guanajuato.

Abasolo acompañó a los insurgentes más por compromiso que por convicción, su esposa había abandonado su casa debido al saqueo del que fue objeto por el conde de la Cadena, por ese motivo doña Manuela se dirigió a Valladolid en busca de su esposo, ahí se enteró que los insurgentes estaban diezmados.

A partir de ese momento doña Manuela poniendo en riesgo su fortuna no se limitó en gastos y en solicitudes de ayuda a sus amigos influyentes buscando que la autoridad virreinal le concediera el indulto a su esposo.

Por su parte Abasolo ante el sombrío panorama que vivían en Guanajuato, platicó con Allende parasolicitarle su autorización de separarse del ejército y viajar a los Estados Unidos de América, requiriendo 3,000 pesos para los gastos del viaje. La petición no prosperó y Abasolo permaneció en el ejército de Allende. La decisión de Abasolo de abandonar la lucha obedecía a las reiteradas súplicas que su esposa le hacía para separarse de la insurrección.

 

[…] Que habiendo salido el ejército para la ciudad de Celaya, tuvo la debilidad de adoptar su partido, más bien por temor que de voluntad como lo han comprobado sus acciones, y acompañarlos hasta el día en que fuera tomado prisionero, asegurando que no hubo más ofertas que las expuestas ni tampoco tuvo la más leve parte en los sucesos o desastres ocurridos en Dolores y San Miguel el Grande. Declaración de Mariano Abasolo. Chihuahua, 26 de abril de 1811.

 

Estando en proceso su perdón, Abasolo continuó con Allende acompañándolo a Guadalajara en donde se reúnen de nuevo Hidalgo y Allende. Ahí se encuentra con su esposa y horrorizado por la masacre de españoles cometida por la plebe enardecida, con el apoyo de Hidalgo intercedió para salvar a cuanto español pudo. Su indulto para entonces todavía estaba en proceso en la Ciudad de México por lo que no tuvo más opción que “acompañar” al ejército insurgente a la batalla del Puente de Calderón, después de la derrota de los insurgentes y su repliegue a Coahuila, en Saltillo se reunió de nuevo con su esposa quien le entregó un salvoconducto; pero, pensando que no era suficiente, optó por continuar con los demás insurgentes en su plan de llegar a territorio estadounidense mientras se arreglaba definitivamente su indulto. Para entonces la presencia constante de la esposa de Abasolo ya era vista con desconfianza por Allende, Aldama y Jiménez, de manera que no se le permitió que acompañara a su esposo en lo que restaba del recorrido y la dejaron en Saltillo.

Al igual que sus compañeros, Abasolo fue capturado en las norias del Baján y trasladado a Chihuahua, donde se le instruyó proceso, que inició el 26 de abril. Y es a partir de ese momento que Abasolo se desmorona y muestra la fragilidad de su amistad hacia sus compañeros, en su confesión niega que había participado en algún evento de importancia organizado por los insurgentes, se queja de que sus bienes habían sido seriamente afectados por la chusma que integraba el ejército de Hidalgo y Allende y los acusa de ser los responsables de la insurrección y de los saqueos que cometió la turba en varias poblaciones y de los asesinatos de españoles en Valladolid y Guadalajara, y delata con detalles la actuación del licenciado José María Chico como ministro de Gracia y Justicia de Hidalgo, lo que indujo a que las autoridades centraran su atención en el abogado que hasta entonces había logrado pasar inadvertido entre los presos que se encontraban en Monclova. Declaró que durante su estancia en Saltillo le escribió a Callejas rogándole le concediera el indulto pues quería apartarse del movimiento insurgente, que Callejas a través de su esposa le había enviado un salvoconducto. Lo que no mencionó en sus declaraciones por conveniencia, entre otras cosas, fue que desde 1808, era ya un conspirador y que había dado algunas sumas de dinero para ayudar a la conspiración de Querétaro.

Finalmente, con su declaración y las gestiones de su mujer, que puso en juego su fortuna y su influencia, logró salvar la vida y se le condenó a cadena perpetua que debía cumplir en España, y se le incautaron sus bienes. Abasolo permaneció recluido y enviado a España, su esposa lo acompañó, iba con destino al castillo de Santa Catalina en Cádiz, donde murió en 1816 y fue sepultado en el cementerio de San José, extramuros del puerto de Cádiz. Al morir tenía 33 años de edad.

Sus biógrafos aprueban los honores que el Congreso le tributó, a causa de que fue uno de los pioneros del movimiento independentista, por ello fue a prisión. En su favor se invoca su juventud y su debilidad de carácter. Esas atenuantes quizá salven su actuación personal, pero “a este ilustre héroe de la patria”, no lo reivindicarán de su vergonzosa declaración y la forma en que culpó a sus compañeros.

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