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Columnistas

El Tabasqueño

Por Héctor Tapia

 

GRANIER, EL TERCO

 

  • Entre la emoción de ir y la presión de que no lo haga
  • Por sí solo Andrade no ha logrado nada en la política

 

Se habla cada vez con más insisten­cia en el PRI que Andrés Granier Melo (5/031948) en su calidad de ex gobernador de Tabasco podría ser postulado candidato a ese par­tido para la alcaldía de Centro, ante la pobreza de sus cuadros y la desesperación e impotencia de sus dirigentes.

Granier tiene la presión de sus cercanos que quieren regresar al poder, y se deja seducir por ese fervor. En contraparte, algunos aseguran que el retraso en su postulación se debe a presio­nes para que no le entre, porque el régimen que controla el gobierno del estado no lo quiere en­frente porque intuyen puede ser un aguafiestas.

El ex gobernador se mueve entre dos fuerzas: los que quieren que sí sea y los que no. El razonamien­to político indica que debería optar por quedarse en casa en vez de competir a contracorriente.

Pero las emociones le ganan y es muy probable que el viejo político decida no contenerse… ya pasó mu­chos años encerrado en prisión y quiere entrarle para levantar su autoestima. En su orgullo pesan las acusa­ciones de corrupción y la cárcel que sufrió, que lo avergüenzan, por eso está dispuesto a ir a campaña, para lavar su nombre y demostrar lo querido que es.

Quienes lo conocen aseguran que el «Químico» es un hombre empecinado, obstinado, terco —¡ta­basqueño al fin!— y si decide ir… irá contra viento y marea. Esta postulación es la que tiene frenado el proceso en el PRI. En Morena saben que Gra­nier cuenta con muchos votos de priistas y perre­distas, que son suyos —y no del PRI o del PRD—.

El «Químico» actúa emocionalmente: tiene deudas con Adán Augusto e indirectamente con el propio AMLO porque lo perdonaron y lo dejaron libre, pero eso lo pasa a segundo término.

No pierde si participa porque quedaría bien con los suyos; al contrario, pierde si no participa. Si le entra, gana. Además, le gusta ser el «bueno» del western.

Granier fue un fenómeno interesante en la política tabasqueña. Un químico de la calle Juárez, en el centro, ciudadano común y corriente, bien relacionado con la sociedad local, ajeno a la política militante, que terminó siendo gobernador, impo­niéndose a los políticos de su generación agrupados en el grupo CITE, que tuvo como fundador y líder a inicios de los años 70 a Juan José Rodríguez Prats, que los metió al gobierno de Mario Trujillo.

Hay que recordar que cuando fue gobernador [2007-2012] Granier Melo venía de ser alcalde de Centro [2000-2003], una posición importante que le permitió consolidar y crecer su popularidad. Real­mente fue muy popular y en la guerra que es la política pudo imponerse al candidato del PRD, Raúl Ojeda, que ni siquiera con su propia experiencia y la ayuda personal de Andrés Manuel, pudo vencerlo.

Como Granier gozó del respaldo de la gente, su pri­mera acción de gobierno fue realizar un «besamanos» en Palacio de Gobierno. Ya en la Quinta Grijalva, poco a poco, y luego con prisa, fue separándose de la realidad. Si alguna actividad humana está ligada con la realidad, es la política. Granier perdió la cordura, esa capacidad de «pensar y obrar con buen juicio, pruden­cia, reflexión, sensatez y responsabilidad».

No es mentira la frase de que «el poder enfer­ma». El Síndrome de Hibris (SH), un trastorno emocio­nal que afecta a quienes ejercen el poder en cualquiera de sus formas, según el doctor David Owen en su libro En el poder y en la enfermedad, da cuenta de cómo muchos líderes metamorfosean la confianza y la seguridad en sí mismos en arrogancia y prepotencia.

En el lenguaje del trópico se diría que el poder lo «enloqueció», lo separó de sí mismo y de toda la gente y lo volvió carne de presidio.

No entregó la estafeta de gobierno al fina­lizar su periodo y huyó como un forajido; poste­riormente terminó en la cárcel, encerrado durante varios años, lo que inevitablemente le tuvo que provocar daños psicológicos que sumados a los que ya padecía, lo hacen un hombre de peligro.

Pero aún con esos augurios es probable que llegue, digamos, a la fuerza, o en desacuerdo con quienes hoy gobiernan el estado. Tal vez Adán Augusto tenga que ceder ante él, o decidirse a apoyar con todo a Yolanda Osuna, pero aún así, con riesgo de perder.

No hay claridad en lo que vendrá porque la política no es clara, sólo hay dos escenarios: uno, Andrés es candidato; y otro, Andrés no lo es. Si lo es, gana; si no lo es, pierde ante su gente, ante sus simpatizantes y ante sí mismo.

                         …

Hace ocho días parecía ilógico que un ex goberna­dor que perteneció al madracismo y combatió con todo al PRD, terminara 31 años después postulado como su candidato a la Presidencia Municipal de Centro.

La llegada de Manuel Andrade Díaz como abande­rando al Sol Azteca ha levantado más suspicacias que expectativas, la pregunta que provoca su nominación es: ¿A qué va a la contienda electoral? ¿A ganar la presidencia municipal o sólo sentir que está vivo política­mente? ¿O a hacerle algún favor a su amigo el gobernador?

Las especulaciones a estas preguntas dan distintas teorías que van desde pensar que a Andrade le ha ganado una vez más el protagonismo, del que está sediento, o que su llegada como abanderado amarillo es derivada de un pacto, digamos, perverso, para quitarle votos a Granier, lo que no ocurrirá, porque Andrade no tiene votos suficientes, ni tampoco el PRD, para ganarle al «Químico», ni hacerle daño.

Hay quienes conocen bien la carrera política de Manolo y aseguran que es un cuadro sin vida propia sino prestada. La primera diputación plurinominal la obtuvo por Salvador Neme Castillo; la segunda plu­rinominal se la debió a Madrazo, quien luego lo puso de gobernador. Él, por sí mismo, no ha ganado nada, salvo quizá la tercera diputación plurinominal. Des­pués de la gubernatura no ha podido, por él mismo, sin un padrino, ganar una diputación federal o senaduría.

En el colmo, el ex gobernador ni siquiera ha lo­grado ser candidato a diputado federal; a senador fue una vez, más de relleno como segunda fórmula en­cabezada por Candita Gil, y perdieron rotundamente. En 2017 no logró ser líder de la Cámara de diputados local, se quedó con las ganas de ocupar la Presiden­cia de la Junta de Coordinación Política.

Esto deja claro que Manuel Andrade no significa nada sin un tutor a lado. Va por la Presidencia Muni­cipal de Centro y no por el PRI, su todavía partido, sino por el PRD, en calidad de externo, también con vida prestada. Esta vez quien le da vida, o lo cobija con su sombra, es el dueño del PRD, Juan Manuel Fócil.

¿A qué va a la contienda electoral? ¿A prometer los votos de hace 14 años cuando fue gobernador y que nunca fueron suyos? ¿A prestarse de comparsa? Haber sido gobernador genera un falso mito de lo que es, pero no es, por haber sido gobernador, de ser un personaje importante electoralmente, cuando en realidad, no trae nada.

                         …

En Morena la candidatura de Yolanda Osuna Huerta para la alcaldía de Centro sigue adelante, todo indica que ese partido le apostará a su banco de votos que en 2018 tuvo un tope máximo en este municipio de 237 mil 501 sufragios junto con el PT, el que se estima que para la intermedia pueda asentarse en 150 mil boletas teniendo en cuanta que son comicios intermedios donde la participación electoral oscila entre 45-55 por ciento.

La apuesta también sería contrastar a Yolanda Osuna como una mujer profesional, con una carrera en la función pública limpia y ascendente, un rostro nuevo en la política electoral contrario a Manuel Andrade y un posible Andrés Granier, que tienen un amplio desgaste de imagen pública.

La carrera para Centro arranca para el Sol Azteca y el tricolor con una base de 48,591 votos (PRD-PAN-MC) y de 34,601 sufragios (PRI) resultados obtenidos en 2018. Cla­ramente estos dos partidos han perdido votos y esperan que sobre los hombros de sus candidatos recaiga el mayor número de electores que puedan sumar. Una misión que se antoja difícil con esos dos cascarones vacíos.

 

 

«Allí donde el

mando es codiciado

y disputado no

puede haber buen

gobierno ni reinará

la concordia»

(PLATÓN)

 

 

 

 

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