Entre Números

Austeridad sin inteligencia


Mtra. Soraya Pérez

El centro del nuevo ejercicio público en los próximos años estará marcado por la austeridad, y como decía Solón, antiguo legislador ateniense: "la austeridad es una de las grandes virtudes del pueblo inteligente", y quiero recalcar que estoy a favor de recortar los enormes e innecesarios gastos en el Gobierno, lo preocupante, es que una política de austeridad radical sin inteligencia sólo podría tener un resultado: afectar fuertemente la ya endeble eficacia del Estado Mexicano.

El caso de Grecia. Desde 2009, en ese país se implementaron más de 14 paquetes de medidas de austeridad que incluyeron recortes de un 22% en las prestaciones de funcionarios, disminuciones en sueldos y pensiones, así como la venta de más de 4 mil compañías del Estado. Sin embargo, el efecto que han tenido estas medidas ha sido más que nega tivas, ya que el PIB griego ha caído entre 25-30%, la deuda pública alcanzó 171% del PIB, el ingreso bruto de los hogares griegos bajó en promedio 25%, la tasa de desempleo incrementó 25%, y la pobreza ha aumentado en más de 40%.

En México, los Presidentes entrantes emitieron decretos de austeridad que han obligado a las dependencias a disminuir anualmente al menos 5% del gasto en servicios personales, congelando los ingresos del personal de confianza y como resultado las estructuras administrativas de la APF se han disminuido, paralizando la atracción de talento.

Me parece más urgente diseñar un cuidadoso plan para identificar estos obstáculos y construir una serie de acciones administrativas y legislativas para superarlos. Implementar una nueva Ley de Mejora Regulatoria, de aplicación nacional, para eliminar los cientos de trámites y procedimientos que torturan al ciudadano; reformar las leyes de obras y contrataciones públicas para hacer más expeditos y transparentes estos procesos atendiendo las recomendaciones internacionales. Con estas medidas podríamos aspirar a un Gobierno eficiente e incluyente que dignifique el servicio público y lo fortalezca. 

Si lo que buscamos es tener una economía sin privilegios, dejemos de satanizar el servicio público, mejor incentivemos el buen desempeño. Sin duda se vienen grandes retos, el de hacer menos con más es uno de los prioritarios; estoy convencida que sí se puede, con voluntad, con experiencia e inteligencia. ¡Hasta nuestro próximo encuentro!