Rompemuros

Alas abiertas


Juan Urcola

Siempre nos asombra la salida del sol como una gran esfera dorada. Por ahora llevamos el plus de volar a los brazos abiertos de la historia. O cuando menos eso creemos. El Guerrero tabasqueño llegó a la cúspide, tras las elecciones más importantes que se recuerden. Su actuación en la escena política –como virtual Presidente- ha dejado de ser un mecanismo de adivinación.

Es la hora de Tabasco y del Sureste, ¿pero estamos dispuestos a prestar atención y realizar la tarea ciudadana? El Gobernador electo, Adán Augusto, su intermediario, se sintoniza en la misma frecuencia para la misión que comienza. La esperanza de que la política tabasqueña por fin recoja los frutos de tanta espera, nos anima.

La alegría convocada en las campañas no es una teoría definitiva. Detrás de cada anuncio o expectativa existe el riesgo de chocar con la realidad. Todo puede pasar en cualquier momento, y aunque parece demasiado pronto para fatalismos, el sartén por el mango.

Si advertimos que el mayor regalo es la autoconciencia, iniciaremos el tan sonado cambio, pero si no, estaremos perdidos. Ante tantas voces y ruidos que taladran, nuestro reto es seguir apreciando la belleza de la vida, pero sin bajar la guardia ni pasar por alto las señales. ¿Estamos listos? Recuperemos entorno, familia y libertades.

Voy con las mujeres que arriban en paridad a la batalla. Llevan mucha responsabilidad a cuestas. Y eso sólo incluye a regidoras, alcaldesas, diputadas, y a la virtual Senadora. La reverencia por madres, esposas, hermanas e hijas, campesinas, estudiantes y profesionistas debe traducirse en libre opinión. Nunca más sus sentimientos sean cancelados, ni sus espíritus oprimidos, ni sus ambiciones aplastadas. Es el pendiente prioritario. La violencia en su contra, es la locura.

Por eso, reitero: hay que ser consciente en lo simple y cotidiano ¿de qué serviría estar en órbita, si nuestra cápsula no aterriza en una mejor actualidad, pero sobre todo en el ideal de futuro que queremos? Que los afanes feministas extiendan sus alas, y aviven nuestro mayor esfuerzo en el ocaso y hacia el siguiente día. Ya son mayoría. Si las impulsamos, ellas cambiarán el mundo. Para eso nacieron.