ACTIVISTA

Jefas


Rosalinda López Hernández

Recientemente el INEGI ha presentado la Encuesta Nacional de los Hogares (ENH) relativa al 2017, y llama la atención entre otros datos, que los hogares jefaturas por una mujer van en aumento:

El 28.5% de éstos tienen como principal sustento económico a una fémina, lo que nos lleva a pensar que el rol femenino histórico va mutando: de compartir tareas del hogar y educación de los hijos a asumir el sustento, la educación, la formación de forma total.

Ya sea en su rol de madre viuda, separada, divorciada o soltera, las jefas de familia tienen que lidiar además, con múltiples obstáculos que van desde el círculo cercano en una estereotipos muchas veces deíndole personal, hasta la competencia desventajosa en la esfera laboral con salarios desiguales u horarios complejos que demeritan en gran medida la capacidad y tenacidad de quien asuma responsabilidades totales en su hogar.

Se estima por el INEGI, que una jefa de familia invierte 60.3 horas a la semana a su trabajo, y 33.2 horas a las tareas de su hogar, es decir, una mujer jefa de familia labora 25 horas más que un hombre jefe de hogar a la semana.

Las mujeres que son el sustento de su hogar y a su vez, las responsables de la formación de sus hijos, además de asumir su rol como madres, muchas veces están a cargo del cuidado de sus ancianos y enfermos, con valentía y responsabilidad asumen la hazaña de cuidar y proteger a los más vulnerables, sobre lo cual el Estado en sí, y la sociedad per se, se encuentra a distancia del reconocimiento y políticas públicas para fortalecer y sobre todo, dimensionar el empoderamiento sigiloso de las Jefas de familia.

Cuando escuchemos a un hijo decir: "mi jefa", "mi jefecita", "mi jefaza" pensemos más que en una palabra, en reconocimiento y amor hacia la persona que es el centro del núcleo familiar.