¡AH, CARAY!

Dejar de ser parapeto


De ser una mirringa el amor y que se convierta en celo, pues no se vale. Ruge el Pochitocal en una ensarta de violencia que parece que nunca se va a calmar; asesinan a mansalva al colega comunicador Juan Carlos Huerta, y provocan una ola de protestas de toda la sociedad, y no es para menos con la angustia y la zozobra que estamos pasando, pues no hay un santo día que no aparezcan cristianos ejecutados, levantados, linchados, heridos, noticias de asaltos, etc.

Mujeres y hombres que antes se levantaban a chismear cómo iban Los Olmecas; cómo había quedado la novela; que doña frijola se iba a matrimoniar con don ese; que Luis Miguel andaba sonsacando a Juan Gabriel; que ya mero iba a haber maíz pal' tamalito; que el puerco de doña Tiricha lo quería para la Navidad; que el chamaco había amanecido con un tutupiche; que doña Chela se había vuelto sabática; que la mujer del petrolero andaba con el taxista, etc.; ahora el comentario es: Secuestraron a don Casildo el de la tortillería; que al de la tienda ya le dijeron que tiene que pasar tanto de dinero; que en la escuela andan rondando unos sospechosos; que ejecutaron a dos en Cárdenas; que explotó una toma clandestina en un poblado de Huimanguillo; que ya se fue a Mérida don fulano con toda la familia porque fue amenazado; que dejaron limpia la casa de zutano; etc. Esa es la temática de cada día a la que, sin darnos cuenta, nos hemos ido acostumbrando, sin dimensionar el estado de zozobra, de angustia, de psicosis en que están creciendo nuestros hijos y nietos, el tesoro más grande de toda sociedad. Hoy le tocó al comunicador Juan Carlos Huerta y hay revuelo. Ese revuelo que a veces pronto amaina. Ojalá no sea así, que se haga justicia y quede todo aclarado. Que el aparato de seguridad ya no sea parapeto y se ponga las pilas, no andar inventando que los pericos maman; no sea la de malas y los yucas comiencen a construir su muro…