ACTIVISTA

México, y mes de mayo


Rosalinda López Hernández

No sé por qué, pero siempre he considerado al mes de mayo como que muy lleno de festejos en la agenda nacional: Día del Trabajo, Día de la batalla de Puebla, Día de la Madre, Día de los Maestros, Día del Estudiante, Día del Contador, etc. Además de sus días de descanso, literalmente es el mes de las lluvias, y el mes de las ferias en muchos estados del país. Pero este año, la característica principal es que es el mes del ultimátum para la firma del Tratado de Libre Comercio con EU, Canadá y México. La fecha fatal para que entre a discusión en el Congreso Norteamericano es este viernes, y como siempre, nuestros vecinos están jugando con el marcador, asfixiando el tipo de cambio y aventando como pelota de ping pong a los negociadores del famoso tratado: si alguien es experto en exprimir cuando de negocios se trata son precisamente los norteamericanos, y más un Presidente con las características del típico yankee presionando con el puño cuando a intereses y dinero para las gigantes compañías de su país se refiere. Hoy, la excusa es el mercado automotriz, por un lado tienes un cuarto de acuerdos y por el otro lado en el mismo momento estás animando a tus grandes fondeaderos de campañas políticas americanas, como son las grandes trasnacionales automotrices, a no abrir plantas y a no invertir en tus contrapartes del Tratado; como si la competencia en el mundo de las armadoras asiáticas no les quitará el sueño a las americanas, ahora resulta que se hacen del rogar con su mercado más generoso y mas redituable. Ni hablar, por eso ganó Trump: entiende perfectamente que Estados Unidos no tiene amigos, tiene intereses, y sabe estirar la liga hasta humillar al contrario. Y para entumirnos un poco más, nos mandan la señal de contagio de crisis financieras como la que vive Argentina, a punto de colapso por un coctel de inflación, suspensión de pagos y dolor devaluado, para simple y sencillamente recordarnos que el Tío Sam es quien fija la negociación, y que a nosotros sólo nos queda atrevernos a sostener, dignamente una salida decorosa cuando se pisotea el interés nacional.